El legislador republicano por Florida Carlos Giménez afirmó que las excarcelaciones de presos políticos en Cuba forman parte de una maniobra del régimen para sostenerse en el poder y ganar tiempo. En declaraciones a Martí Noticias, el congresista describió esa jugada como un cálculo político desde La Habana, no como una señal de apertura.
La declaración pone el foco en una práctica que el régimen intenta presentar como concesión, aunque mantiene intacto el aparato que fabrica el castigo. Liberar a algunos presos no borra la represión que los llevó a la cárcel ni desactiva el mensaje de fondo: la libertad sigue dependiendo de la conveniencia del poder. En Cuba, ese mecanismo convierte a los presos políticos en piezas de negociación y a sus familias en rehenes de una decisión arbitraria.
El señalamiento de Giménez coincide con lo que ya conocen los cubanos dentro y fuera de la Isla: el castrismo usa la cárcel como instrumento de control, y después trata de vender como gesto político aquello que responde a la presión. Cada excarcelación sin cambios reales en el sistema judicial, en la vigilancia o en la represión deja intacta la estructura que castiga la disidencia y persigue la protesta.
Por eso el caso importa más allá de una frase de un congresista. Muestra un régimen que busca aliviar su cerco internacional sin ceder poder de verdad. También deja claro que, mientras el Estado siga decidiendo quién sale y quién entra por razones políticas, no habrá justicia ni libertad, solo maniobras para estirar la permanencia en el poder.

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