Granma desconecta circuitos priorizados por la crisis eléctrica

Granma volvió atrás en cuestión de días y ahora desconectará circuitos que habían sido presentados como priorizados. La medida golpea a clientes residenciales y privados en medio del agravamiento de la crisis energética y deja otra vez al descubierto la fragilidad de las promesas oficiales frente al colapso eléctrico.

La decisión salió de la Oficina Nacional para el Control del Uso Racional de la Energía en la provincia. Su directora, Laid Rodríguez Lara, explicó en el programa Perspectiva que la estrategia busca repartir de forma “equitativa” la carga disponible y reducir el impacto sobre los servicios básicos. En la vida real, eso se traduce en más apagones, más ajustes forzados y más incertidumbre para una población que ya vive al borde.

El anuncio choca con lo que la propia Empresa Eléctrica de Granma había comunicado poco antes. Entonces aseguró que, junto con ETECSA, se protegerían circuitos estratégicos en municipios como Niquero, Media Luna, Bartolomé Masó, Río Cauto y Bayamo para sostener la conectividad y servicios sensibles como el Banco de Sangre provincial. Ese viraje rápido deja claro que las supuestas variantes técnicas del régimen duran lo mismo que la disponibilidad del sistema: apenas un instante antes de que la crisis las arrase.

Rodríguez Lara también adelantó más vigilancia sobre el consumo de los nuevos actores económicos, obligados a ajustarse a las regulaciones vigentes. El mensaje es familiar en la Cuba castrista: el aparato estatal controla, fiscaliza y reparte escasez, mientras la población carga con la parte más dura del derrumbe energético. La causa sigue ahí, intacta: termoeléctricas averiadas, falta de combustible y una infraestructura vieja que ya no sostiene ni los servicios que el oficialismo quiso proteger.

Para las familias, la consecuencia es concreta y dolorosa. Perder un circuito priorizado significa menos tiempo para conservar alimentos, cargar un teléfono, hablar con el exterior o atender a un enfermo en casa. En una provincia como Granma, cada recorte eléctrico entra de lleno en la mesa, la salud y la comunicación cotidiana de miles de cubanos.

El contraste con Holguín agrava todavía más la imagen del país que administra el régimen. Mientras en Granma se anuncian más restricciones, un hotel manejado por GAESA promocionó una cena especial en la playa, con iluminación completa y ambiente festivo para turistas extranjeros. La escena resume la desigualdad que el poder militar y político sostiene sin reparos: oscuridad para la gente y privilegio para sus enclaves.

La promesa que duró poco en Granma confirma algo más serio que un simple cambio de programación. Confirma un sistema eléctrico derrumbado y un régimen que sigue vendiendo “bienestar colectivo” mientras empuja a las familias cubanas a vivir entre apagones, vigilancia y resignación forzada.

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