Greenpeace denuncia a la UE en Bruselas y 15 activistas son detenidos

Quince activistas de Greenpeace Bélgica fueron detenidos de madrugada en Bruselas cuando intentaban colgar una lona en la fachada del edificio de la Comisión Europea para acusar a los líderes europeos de ceder ante las exigencias de Donald Trump. La acción terminó con arrestos, una proyección interrumpida por la policía y una protesta que apuntó directamente a la dependencia política de la Unión Europea frente a Washington.

Entre los detenidos había ciudadanos de Austria, Bélgica, Alemania, Croacia, Francia y Polonia. Según la organización, salvo el responsable de comunicación, todos fueron arrestados y luego puestos en libertad. La escena ocurrió frente al edificio donde este jueves se reunieron los 27 jefes de Estado y de Gobierno de la UE, en una cumbre marcada por la guerra en Oriente Medio, la discusión sobre Ucrania y el golpe económico del encarecimiento de la energía.

La pancarta frustrada llevaba una denuncia frontal: los activistas acusaban a la cúpula europea de no resistir las violaciones del derecho internacional atribuidas a Estados Unidos. Después proyectaron sobre la fachada la tipografía de Trump Tower junto a la frase “Resistid a la agenda de Trump”, un gesto que buscó exponer la sumisión política de buena parte de Europa ante la presión de la Casa Blanca.

Greenpeace fue más allá y señaló que varios líderes europeos han evitado condenar o incluso han respaldado los recientes ataques contra Venezuela e Irán, además de las amenazas contra Cuba. También criticó la dependencia de la UE de las importaciones de petróleo y gas estadounidenses, junto con la erosión de protecciones para el medioambiente, la salud pública y la privacidad, en medio de concesiones a grandes corporaciones tecnológicas. La protesta dejó al desnudo una verdad incómoda: en nombre de la conveniencia política y energética, Bruselas tolera atropellos que luego pretende maquillar con discursos sobre valores democráticos.

Para Cuba, la mención a las amenazas contra la Isla no es un detalle menor. La denuncia encaja en una región donde el régimen de La Habana convive con presiones externas, pero también se alimenta de la hipocresía de gobiernos que hablan de principios mientras negocian por encima de ellos. La escena en Bruselas confirma que la política internacional se mueve muchas veces entre la obediencia, el cálculo y la propaganda, con los cubanos pagando siempre el costo de esas maniobras.

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