Holguín ajusta las clases por el colapso energético

La Dirección General de Educación de Holguín salió a anunciar un paquete de medidas para intentar sostener el curso escolar en medio del desplome energético que golpea a la provincia y deja al sistema educativo pegado con alambre. La nota oficial admite una “situación excepcional” y, en la práctica, confirma que el régimen ya no puede garantizar algo tan básico como la normalidad en las aulas.

El plan se apoya en el llamado III Perfeccionamiento del Sistema Nacional de Educación, presentado como una herramienta para que cada centro adapte su proyecto educativo y su currículo institucional a las condiciones del territorio. En un país donde la crisis se come la vida diaria, esa fórmula suena más a parche administrativo que a solución real. La propia Dirección habla de mantener los servicios educacionales en el 100% de las instituciones, pero lo hace mientras enumera variantes para una realidad marcada por la falta de electricidad, transporte y combustible.

Entre las medidas aparecen hojas de trabajo, fichas, videos explicativos y otros materiales para los estudiantes que no puedan asistir de forma presencial. También se anuncia que se atenderá a quienes lleguen tarde, que los círculos infantiles y seminternados seguirán funcionando “mientras las condiciones lo permitan” y que, cuando el transporte falle, habrá traslados temporales a centros cercanos a la comunidad, siempre con solicitud de la familia. El propio lenguaje del comunicado revela hasta qué punto el sistema está obligado a improvisar para no reconocer un colapso mayor.

La disposición alcanza además a los centros internos, cuyos educandos están de pase y deberán reincorporarse en instituciones próximas a su localidad cuando corresponda. Los centros de formación también vincularán a esos estudiantes con sus municipios de residencia para asegurar la continuidad del curso, además de integrarlos a instituciones cercanas para la práctica laboral y ofrecerles docencia dos días a la semana por encuentro. Todo el engranaje escolar termina adaptándose a la escasez, no a un proyecto serio de enseñanza.

La crisis energética ya golpeó también a la Universidad de Holguín, que suspendió las clases por los problemas de electricidad y combustible. Esa parálisis educativa expone el mismo drama en otro nivel: escuelas y universidades sometidas a la incapacidad del régimen para sostener servicios elementales. Cuando la energía falta, el combustible escasea y el transporte se cae, la educación queda reducida a un ejercicio de resistencia, con estudiantes, maestros y familias cargando el costo de un fracaso estatal que se repite en todo el país.

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