Teherán abrió este domingo la puerta a negociar con Estados Unidos y Omán mientras la ofensiva conjunta de Washington e Israel sigue en marcha y Donald Trump calcula que la campaña podría extenderse unas cuatro semanas. La guerra, que ya deja muertos, misiles interceptados y ciudades bajo alarma en varios frentes, entró así en una fase en la que la presión militar avanza al mismo tiempo que el discurso diplomático intenta mantenerse vivo.
El ministro de Exteriores de Omán, Badr al Busaidi, dijo que su homólogo iraní, Abás Araqchí, trasladó la disposición de Irán a apoyar “cualquier esfuerzo serio” para frenar la escalada y devolver la estabilidad. Trump, por su parte, aseguró a The Atlantic que los iraníes “quieren negociar” y que él aceptó sentarse a hablar, aunque reprochó a Teherán haber tardado demasiado en hacerlo.
La ofensiva “Furia Épica”, lanzada el sábado por Estados Unidos e Israel, ya golpeó instalaciones y mandos iraníes, según la versión de Washington, mientras el propio Trump afirmó que algunos de los líderes con los que se había conversado hasta ahora murieron en la operación. Desde su residencia en Mar-a-Lago, el presidente estadounidense siguió la crisis por teléfono con líderes de Israel, Baréin y Emiratos Árabes Unidos, un dato que revela hasta qué punto la región entera quedó metida en la línea de fuego.
Emiratos Árabes Unidos reportó que interceptó 165 misiles balísticos, dos misiles de crucero y 541 drones iraníes, además de tres muertos y 58 heridos en su territorio. Francia informó de daños materiales limitados en un hangar de una base en Abu Dabi, sin reportes de heridos. El conflicto ya salió del intercambio entre dos enemigos directos y comenzó a tocar a terceros países y activos militares extranjeros en la zona.
Irán insistió en que vengará la muerte del ayatolá Alí Jameneí y prometió responder contra Estados Unidos e Israel “con una fuerza que nunca antes han experimentado”. Araqchí sostuvo que los bombardeos no han neutralizado la capacidad de guerra de su país porque el sistema de defensa está descentralizado, y afirmó que Teherán decide cuándo y cómo termina el conflicto.
La noche del domingo dejó al menos siete oleadas y dos decenas de bombardeos sobre la capital iraní, con daños y víctimas que aún no han sido detallados. Entre los objetivos figuró la televisión estatal, ya atacada en junio en una ofensiva anterior que dejó entonces dos periodistas muertos. Trump aseguró además que la operación destruyó nueve buques de guerra iraníes y el cuartel general de la Marina.
La Guardia Revolucionaria dijo que sus misiles alcanzaron al portaaviones USS Abraham Lincoln, algo que el Comando Central del Ejército de Estados Unidos desmintió. Washington sí reconoció la muerte de tres militares estadounidenses desde el inicio de la operación, mientras Irán supera ya las 200 muertes por los ataques, entre ellas 148 en un bombardeo contra una escuela femenina de primaria en Minab, en el sur del país. En Israel, los impactos de misiles iraníes dejaron diez fallecidos.
La Unión Europea pidió máxima moderación y advirtió que Oriente Medio “tiene mucho que perder” con una guerra prolongada. Francia, Reino Unido y Alemania dijeron que tomarán medidas para defender sus intereses y los de sus aliados, incluso con acciones para destruir la capacidad iraní de lanzar misiles y drones. En paralelo, las navieras Maersk y MSC suspendieron temporalmente el tránsito por la zona y varios países cerraron su espacio aéreo.
En medio de ese tablero, Cuba volvió a alinearse con Teherán. El régimen de La Habana envió condolencias por la muerte de Jameneí y Díaz-Canel calificó el hecho como un “execrable acto” que, a su juicio, viola el Derecho Internacional y la dignidad humana. La reacción confirma de qué lado se coloca la dictadura cubana cuando un conflicto internacional exige definiciones: del lado de sus aliados autoritarios, lejos de cualquier defensa creíble de la paz o la legalidad.

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