El joven herido de bala durante las protestas frente a la sede del Partido Comunista de Cuba en Morón consiguió salir de Ciego de Ávila y recibir atención médica fuera de la provincia, mientras la policía lo buscaba con un operativo que, según denunció José Daniel Ferrer, seguía activo tras los disturbios.
Las imágenes difundidas por el opositor muestran por primera vez la herida en la pierna y el teléfono que, de acuerdo con su relato, recibió primero el impacto del proyectil antes de que la bala entrara en el cuerpo. Ferrer explicó además que el proyectil tuvo que ser extraído, lo que confirma la gravedad del disparo y desmonta la versión oficial que intentó minimizar lo ocurrido.
La salida del muchacho fue posible gracias a personas cercanas que lograron moverlo de Morón a tiempo para protegerlo y garantizarle atención médica. La identidad del joven sigue sin revelarse por seguridad, en una ciudad donde la vigilancia aumentó después de las protestas y donde cualquier dato puede convertir a una víctima en blanco del aparato represivo.
El caso golpea de frente la narrativa del régimen, que insistió en negar el uso de armas de fuego durante las manifestaciones y trató de rebajar el hecho a una caída. Los videos y los testimonios que han salido a la luz sostienen lo contrario: hubo disparos contra manifestantes y hubo un herido que tuvo que esconderse para sobrevivir.
Ferrer también denunció nuevas detenciones tras las protestas, entre ellas la de Raisel Crespo González, vecino de Morón y padre de dos niños, que permanece preso. En el poblado circula el temor de condenas de entre 15 y 30 años para los arrestados por su participación en las manifestaciones del 13 de marzo, una respuesta desproporcionada que confirma el reflejo punitivo del régimen frente al descontento popular.
Las protestas estallaron por los apagones, la escasez y la crisis económica que asfixia a la isla, y terminaron frente a la sede del PCC con consignas de libertad y enfrentamientos en plena calle. Morón quedó bajo presión policial, mientras el poder intenta borrar los disparos y castigar a los que salieron a reclamar lo mismo que millones de cubanos siguen sufriendo: comida, luz, dignidad y fin del miedo.

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