El joven cubano Ankeilys Guerra volvió a poner en palabras una realidad que el régimen intenta esconder a fuerza de miedo, vigilancia y castigo. En una directa difundida en redes sociales, pidió atención para la isla y describió el cansancio de vivir bajo una dictadura que, según sus propias palabras, mantiene a los cubanos “muertos en vida” y al borde del colapso.
Guerra dirigió un mensaje al presidente Donald Trump en el que celebró la caída de una dictadura en Venezuela y reclamó que faltaba la cubana. Desde esa misma transmisión insistió en que hablaba por muchos que callan y expresó su esperanza de que llegue el fin de la opresión en Cuba. Su discurso dejó claro el nivel de hartazgo que provoca un poder sostenido por la represión y el silencio forzado.
Después de sus publicaciones, el joven denunció que la Seguridad del Estado empezó a presionarlo. Aseguró que le cortaban el internet para impedirle transmitir en vivo y que lo mantenían bajo acoso. También contó que, al pasar por una feria de alimentos en la capital, vio presencia policial y de represores cerca de él y logró escapar a tiempo.
Guerra afirmó además que lo estaban buscando por medio de terceras personas. En sus declaraciones quiso dejar claro que no era delincuente y que se ganaba la vida de manera honrada, una precisión que dice mucho sobre el clima de persecución que impone el régimen a cualquier cubano que alce la voz.
El caso vuelve a mostrar cómo opera el aparato represivo en Cuba: vigila, intimida, corta el acceso a internet y persigue a quien rompe la obediencia pública. En una isla donde decir lo que se piensa sigue siendo un acto de riesgo, la denuncia de un joven se convierte en prueba del miedo que sostiene a la dictadura.

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