La opositora venezolana María Corina Machado puso el foco este sábado en Múnich sobre los presos políticos liberados en Venezuela y sobre la manera en que salen del cautiverio: con una energía que, según dijo, el chavismo no logra quebrar. La dirigente de Vente Venezuela habló de ese impulso en una participación telemática en la Conferencia de Seguridad y lo convirtió en una denuncia directa contra un sistema de represión que sigue marcando la vida política del país.
Machado contó que habló la noche anterior con Juan Pablo Guanipa, liberado el domingo pasado y vuelto a detener horas después por hombres no identificados tras participar en una caravana de apoyo a familiares de presos políticos. Más tarde, el hijo del opositor informó que ya estaba en arresto domiciliario en su casa de Maracaibo, bajo vigilancia de personal de seguridad. El episodio dejó al descubierto la fragilidad de cualquier excarcelación en un país donde el castigo político sigue dependiendo de la orden del aparato represivo.
La dirigente afirmó que en los últimos días ha conversado con decenas de liberados y describió una reacción repetida: al salir, lo primero que hacen es preguntar qué pueden hacer por la liberación de Venezuela. Ese testimonio retrata la dimensión humana del presidio político en el país y también la persistencia de una oposición que el régimen intenta quebrar con cárcel, amenazas y vigilancia, pero que continúa reorganizándose alrededor de sus propios presos.
En Caracas, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, anunció la liberación de 17 presos políticos en Zona 7, un centro de reclusión de la Policía Nacional Bolivariana. Además, la ONG Foro Penal informó que entre el 8 de enero y el 10 de febrero salieron 431 presos. Las cifras confirman que el sistema mantiene un mecanismo de detención y excarcelación controlada, útil para presionar, negociar y exhibir poder, mientras la libertad plena sigue ausente.
Machado también aprovechó el foro para elogiar a Estados Unidos por la intervención que terminó con el derrocamiento de Nicolás Maduro a principios de año y para criticar a Delcy Rodríguez, a quien señaló como parte esencial del cártel de Maduro y del sistema de torturas y represión del chavismo. La opositora mencionó además los vínculos de ese engranaje con Rusia, Irán y Cuba, una referencia que vuelve a poner bajo la lupa el papel de La Habana como sostén político de regímenes que sobreviven mediante control, propaganda y aparato coercitivo.
Su mensaje en Múnich dejó una lectura clara: la liberación de algunos presos no borra el andamiaje represivo que los llevó a la cárcel ni resuelve el fondo del problema. Mientras el régimen conserve capacidad para detener, vigilar y devolver a prisión a opositores como Guanipa, la supuesta apertura seguirá siendo apenas una maniobra de control. La fuerza que Machado dijo ver en esos hombres y mujeres viene precisamente de ahí: de una sociedad que sigue resistiendo al poder que la encarcela.

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