Un video en TikTok mostró a una madre cubana reciclando los pañales de su bebé porque en la isla comprar un paquete nuevo se volvió una carga imposible. La mujer, identificada como @yatmara.bernal, explicó el método que usa para volver a aprovechar los Pampers frente a la escasez y los precios que han convertido un producto básico en artículo de privilegio.
En el material, la madre enseña cómo remoja el pañal usado hasta que el relleno se vuelve gelatinoso, abre los extremos, saca el material interior y lava la cubierta con agua y jabón. Después lo rellena con “culeros” de tela de gasa, una solución improvisada que, según dice, es la que puede conseguir. El propio proceso revela el nivel de precariedad al que han sido empujadas muchas familias cubanas para cubrir necesidades elementales de sus hijos.
La escena tiene un peso que va mucho más allá del ingenio doméstico. La mujer reconoce que también gasta jabón, otro producto escaso y caro, pero aun así le resulta más barato que comprar pañales desechables, cuyo precio —según denuncia— puede triplicar el salario mensual de un trabajador en Cuba. Ahí está la verdadera fotografía del derrumbe: un ingreso que no alcanza para la higiene de un bebé y una economía donde hasta la crianza se organiza a base de inventos.
En los comentarios del video, varias mujeres dijeron que esa práctica no es nueva y que muchas madres en Cuba han tenido que recurrir a soluciones parecidas. Esa respuesta confirma que el problema no es aislado ni pasajero. Cuando un país obliga a las madres a reciclar pañales para llegar al final del día, lo que exhibe es el fracaso de un régimen incapaz de garantizar lo mínimo y dispuesto a normalizar la miseria como rutina nacional.
La publicación provocó reacciones divididas entre quienes celebran la resistencia de la madre y quienes se quedan con la imagen más cruda: una infancia marcada por la escasez desde el primer año de vida. En Cuba, hasta un pañal dejó de ser un asunto doméstico para convertirse en prueba visible del hundimiento material que el castrismo ha impuesto sobre las familias.

Sé el primero en comentar