Un grupo de manifestantes se concentró este martes junto al edificio de la nueva embajada de Estados Unidos en Ciudad de México para montar una escenificación del arresto de Donald Trump y exigir la liberación de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. La protesta coincidió con el primer mes de la captura del mandatario venezolano en un operativo militar de Washington en Caracas, un hecho que el acto trató de convertir en bandera de denuncia contra Estados Unidos y en gesto de respaldo al chavismo.
Con pancartas, consignas y una persona vestida con uniforme carcelario y una máscara de Trump, los participantes recorrieron las inmediaciones de la sede diplomática mientras simulaban golpes contra la imagen del presidente estadounidense. El mensaje fue directo: denunciar como “secuestro” la detención de Maduro y presentar la operación contra el régimen venezolano como una agresión al “pueblo hermano” de Venezuela.
Entre los organizadores y participantes apareció Yed Miguel, de la asociación Convención Ciudad de México, quien defendió la acción como un llamado a levantar un “frente antiimperialista”. En sus palabras, la protesta buscó poner a Trump “de rodillas” y someterlo a juicio por las “masacres” y las intervenciones económicas que, según dijo, Washington impulsa en América Latina. También lanzó una advertencia sobre Cuba, al afirmar que el hostigamiento contra la isla forma parte de la misma ofensiva regional.
La escena dejó ver el reflejo automático de una izquierda que sigue justificando a los dictadores del continente y reciclando el discurso del antiimperialismo para proteger a regímenes represivos. Mientras Maduro y Flores aparecen en la narrativa de estos grupos como víctimas, el acto convirtió la plaza pública en tribuna política contra Estados Unidos y en defensa de una élite chavista que ha sostenido su poder sobre control, propaganda y violencia.
Otra participante, Itzallana López, de 22 años e integrante del Colectivo Aztlán, pidió a los jóvenes de la región unirse como generación y salir a la calle a denunciar la intervención estadounidense. Sostuvo que Trump debe ser llamado “criminal” y que la acción militar en Venezuela tiene que ser nombrada como tal. También afirmó que México no quiere ser “el patio trasero de nadie” y que la unión entre México y Venezuela debe marcar el futuro.
La protesta incluyó carteles con las imágenes de Maduro y Flores y calificativos contra Trump, al que llamaron “criminal”. El cierre llegó con una consigna en inglés: “Bring them back”, en referencia a la exigencia de liberar a los detenidos. Del lado mexicano, la operación estadounidense en Venezuela ya había sido condenada por la presidenta Claudia Sheinbaum, según recogió la agencia EFE.
El caso expone cómo ciertos grupos de izquierda siguen defendiendo a figuras políticas asociadas a la represión y al deterioro institucional en América Latina, mientras cargan contra Washington con un lenguaje de victimización y resistencia. En esa lógica, el chavismo aparece blindado por la propaganda y la simpatía ideológica, aunque su derrumbe político siga atado a la captura de Maduro y a la crisis que su régimen ha dejado dentro y fuera de Venezuela.

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