Marxlenin Pérez blanquea la represión cubana en España

Marxlenin Pérez Valdés volvió a servir de altavoz al régimen cubano desde España con un discurso que choca de frente con la vida real dentro de la Isla. En Gijón, la presentadora de Cuadrando la Caja aseguró que Cuba está entre los países con más libertades del mundo, mientras millones de cubanos siguen atrapados entre apagones, escasez y una crisis que no afloja.

La frase no cayó en el vacío. Pérez Valdés habló como parte de una gira organizada por colectivos de solidaridad con el régimen, en una intervención dedicada a repetir la vieja tesis oficial de que todo cuestionamiento a La Habana responde a una guerra mediática. Con eso intentó limpiar la imagen de un sistema que no tolera el disenso y castiga a quienes se salen de la línea marcada desde el poder.

Su defensa del partido único y de la supuesta participación popular vuelve a dejar al desnudo el mecanismo de propaganda del castrismo: presentar como derechos un esquema político cerrado, controlado y sin competencia real. En su relato, la Constitución y los órganos de poder popular sirven para sostener una democracia que no existe en la calle, en los tribunales ni en la vida cotidiana de los cubanos que enfrentan vigilancia, censura y procesos contra opositores, activistas y periodistas independientes.

La vocera oficialista también cargó contra Estados Unidos por la operación del 3 de enero de 2026 en Venezuela y descalificó a los venezolanos que celebraron ese hecho, a quienes llamó irracionales. Su discurso siguió el libreto habitual del régimen: culpar al exterior de cada crisis, convertir la propaganda en explicación total y borrar la responsabilidad interna de un modelo que lleva décadas hundiendo al país.

Pero la distancia entre esas consignas y Cuba se agranda cada día. La inflación, los hospitales en ruinas, la falta de medicamentos y la emigración masiva cuentan una verdad que no cabe en ninguna entrevista complaciente. Mientras la élite vinculada al poder viaja y repite consignas en escenarios europeos, dentro de la Isla la mayoría sobrevive con menos comida, menos servicios y menos margen para hablar.

No es casual que una figura tan cercana a la cúpula del poder, esposa de Fidel Castro Smirnov y defensora abierta de Miguel Díaz-Canel y Lis Cuesta, sea la encargada de vender esa versión edulcorada del país. El régimen necesita voceros así para maquillar su fracaso y para seguir pidiendo paciencia a un pueblo al que le ha quitado libertades, prosperidad y futuro.

Su gira por ciudades españolas busca reforzar apoyos para una dictadura cada vez más aislada moralmente dentro y fuera de Cuba. Y deja otra escena conocida: mientras el aparato oficial habla de derechos, el cubano común sigue pagando el precio de la represión política, la escasez y el abandono estatal.

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