La sesión semestral de la Alta Cámara masónica dejó este domingo una señal amarga para quienes dentro de la Gran Logia de Cuba han intentado defender su autonomía. Juan Alberto Kessel Linares, Gran Maestro por Sustitución Reglamentaria, propuso desestimar la destitución de Mayker Filema Duarte, aprobada por unanimidad en mayo, y aceptar que vuelva a presidir la sesión prevista para fines de octubre. La moción terminó imponiéndose por una minoría de representantes, en un movimiento que confirma hasta dónde ha calado la presión del régimen sobre la Orden.
La decisión cayó como una rendición. Para varios masones, la aceptación de esa propuesta valida la línea impuesta desde el Ministerio de Justicia y le abre espacio a la Seguridad del Estado, que lleva meses hostigando a quienes han defendido la legalidad interna de la institución. Sergio Vidal lo resumió con dureza: al reconocer las suspensiones de logias y masones ordenadas por Filema Duarte, la masonería queda a merced de lo que él decida y termina sirviendo el relato oficial de que todo fue una revuelta con segundas intenciones.
El ambiente en la sede también reflejó el desgaste de esta pelea. Testigos que pidieron reserva de su identidad contaron que la asistencia fue menor que en sesiones anteriores. No hubo los tropiezos de entrada que marcaron la protesta del 6 de julio, pero los presentes tuvieron que reunirse de pie, a las afueras del teatro, mientras un grupo numeroso se marchaba indignado por la propuesta de Kessel Linares. Entre las frases que se escucharon quedaron la frustración y la sensación de derrota: “Esto se fue abajo”, “Se acabó la masonería en Cuba”, “Kessel pactó, traicionó”, “Era preferible que cerraran las logias antes de entregarlas”.
El conflicto viene de atrás y ha mostrado, con claridad, la mano del aparato estatal. En marzo, Filema Duarte se negó a realizar las elecciones generales para los altos cargos y abandonó la sesión. Luego los masones se autoconvocaron para una sesión extraordinaria el 25 de mayo y acordaron destituirlo. El Ministerio de Justicia se negó a reconocer ese acuerdo y sostuvo su respaldo al dirigente cuestionado, mientras los intentos por apelar a la legalidad chocaban con la injerencia oficial. Incluso hubo una conferencia de prensa para denunciar la interferencia del ministerio en los asuntos internos de la Orden.
Desde entonces, Filema Duarte castigó a quienes se le opusieron: suspendió logias, sancionó masones y abrió juicios masónicos contra figuras como el Soberano Gran Comendador José Ramón Viñas Alonso y el escritor y exprisionero político Ángel Santiesteban Prats, ambos señalados además por la policía política. La fractura dejó a la Gran Logia dividida entre una minoría que respalda al dirigente impuesto y una mayoría que lo desconoce y respalda a Kessel Linares.
La presión tampoco se quedó en los pasillos. Kessel Linares fue citado al menos tres veces, sometido a reclusión domiciliaria y amenazado con prisión. Gerardo Cepero fue interrogado en varias ocasiones. Víctor Bravo, Gran Secretario de la Gran Logia, terminó renunciando tres días antes de la sesión y llamó a no asistir porque, según dijo, todo sería en vano. La propia directora de Asociaciones del Ministerio de Justicia, Miriam García, advirtió que no reconocerían los acuerdos de la Alta Cámara, y esa amenaza terminó pesando sobre la reunión de este domingo.
Un masón lo dijo sin rodeos: “Esto era sabido porque el régimen tiene las armas”. La frase resume el fondo del asunto. La pelea por la Gran Logia de Cuba dejó expuesta la infiltración, el miedo y la capacidad del régimen para quebrar instituciones desde adentro. También dejó a la vista que una parte de la masonería cubana se cansó de obedecer en silencio. Ese despertar, aunque golpeado, todavía no está apagado.
La convocatoria de Filema Duarte para el 25 de octubre mantiene abierta la disputa. Él pretende darle continuidad a la sesión de marzo y algunos esperan elecciones generales que no ha anunciado. Otros ven en esa fecha solo otro intento de afianzar su control sobre una institución que el régimen quiere domesticada. Lo ocurrido este domingo deja claro que la masonería cubana entra en una etapa todavía más frágil, marcada por presiones, divisiones y una pelea directa contra el poder político que intenta someterla.

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