Matanzas pide confianza en plena crisis de salud

La dirección de Salud en Matanzas pidió confianza a la población mientras la escasez de combustible sigue apretando a Cuba y metiendo presión directa sobre los servicios médicos. Aymara Rivero Leicea, directora general de Salud en el municipio, salió a defender la continuidad de la atención en un video difundido por la Asamblea Municipal del Poder Popular, en medio de un panorama que ya castiga a pacientes, embarazadas y trabajadores del sector.

Rivero aseguró que los servicios se mantendrán en las cinco áreas de salud del municipio, incluidos los policlínicos y sus extensiones en Ceiba Mocha y Guanábana, además de la posta del reparto Armando Mestre. También insistió en que el programa materno infantil seguirá sin interrupciones y que habrá coordinación con los hospitales provinciales para los casos que requieran asistencia especializada.

Ese mensaje oficial intenta sostener una imagen de control, pero llega atravesado por los mismos problemas que desgarran la vida diaria en Cuba: apagones prolongados, falta de combustible, escasez de medicamentos y carencias de insumos médicos. En ese cuadro, pedir confianza sin mostrar soluciones concretas expone la fragilidad de un sistema sanitario que depende cada vez más de la resistencia del personal y menos de una estructura capaz de responder.

La funcionaria también dijo que continuará la evaluación individualizada de cada gestante, con seguimiento a embarazadas y lactantes vulnerables. La frase confirma hasta qué punto la crisis toca lo más sensible del país: cuando fallan el transporte, el suministro y el soporte hospitalario, la atención médica se vuelve una carrera para contener daños que el régimen no logra resolver desde la base.

Rivero cerró su intervención alineando la salud de Matanzas con las orientaciones del Partido Comunista y repitiendo el libreto de una de las supuestas conquistas de la Revolución. Pero la realidad que vive la población es otra: hospitales y policlínicos operan bajo tensión, con menos recursos y más presión, mientras el aparato oficial insiste en maquillar el deterioro con discursos de fe y disciplina.

Lo ocurrido en Matanzas deja a la vista una verdad incómoda para el régimen: la crisis económica ya no golpea solo el bolsillo o la mesa del cubano, también entra al consultorio, al policlínico y al hospital. Cuando una dirigente sanitaria se ve obligada a pedir confianza en medio de la escasez, lo que queda en evidencia es la incapacidad del sistema para sostener servicios básicos sin improvisación ni propaganda.

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