Mayarí enfrenta un repunte de arbovirosis

En Mayarí, Holguín, el avance de los cuadros febriles volvió a dejar al desnudo la fragilidad sanitaria del régimen y la impotencia de sus estructuras locales para contener un brote que se mueve entre la escasez, la suciedad acumulada y la desconfianza de la gente. La alerta se ha encendido en varias zonas del municipio, sobre todo en Levisa y la cabecera, mientras el Aedes aegypti encuentra terreno fértil en un entorno que el propio aparato de control reconoce como riesgoso.

El panorama es especialmente duro en los repartos 26 de Julio y Juan George Soto, además de Colorado, donde las autoridades admiten una situación compleja por la falta de recursos para aplicar un tratamiento adulticida efectivo contra el mosquito transmisor del dengue, el chikungunya y el zika. La temporada de lluvias agrava el problema, pero el clima no explica por sí solo una crisis que se alimenta de años de abandono, de microvertederos mal atendidos y de aguas albañales desbordadas.

Yosvani Urrutia Castaño, jefe de Lucha y Vigilancia Antivectorial en el territorio, reconoció que los riesgos ambientales siguen abiertos y que la limpieza no se sostiene en el tiempo. Según dijo, ya se lograron limpiar microvertederos, pero vuelven a aparecer, mientras otras instituciones arrastran la responsabilidad sobre problemas de largo plazo que el sistema local no resuelve. En la práctica, los equipos de vectores quedan peleando solos, con las manos atadas y sin respaldo real para cortar la cadena de contagio.

El dato más alarmante es la reacción de la población. Urrutia Castaño admitió que muchas personas no van al médico, convencidas de que en el hospital no encontrarán medicamentos ni solución. Ese rechazo al sistema de salud ya no es un detalle menor: empuja a esconder la enfermedad en las casas, multiplica el subregistro y deja a los enfermos fuera de atención oportuna. En un país donde el régimen presume de salud pública, la gente calcula si vale la pena acudir al médico porque sabe de antemano que la respuesta puede ser la misma carencia de siempre.

El problema de Mayarí forma parte de una crisis más amplia que golpea a Cuba entera. En Matanzas también se reportó circulación de serotipos de una arbovirosis y transmisión activa en varios municipios, mientras la prensa oficial intenta rebajar la gravedad del brote con fórmulas que ya nadie cree. En paralelo, voces en redes sociales y figuras públicas han denunciado ocultamiento, minimización y falta de transparencia, una costumbre del régimen que empeora cada emergencia sanitaria porque retrasa la reacción y condena a la población a enfrentarla a ciegas.

Holguín arrastra además el peso de casos graves en niños, señal de que el brote ya no se limita a un municipio ni a una sola zona. La experiencia cubana confirma que el dengue y otras arbovirosis no aparecen por sorpresa: prosperan donde faltan limpieza, control, medicamentos y dirección efectiva. Cuando el Estado falla en todo eso, la enfermedad avanza y la población queda sola frente al mosquito y frente a un sistema que vuelve a llegar tarde.

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