La petrolera australiana Melbana Energy cerró temporalmente el pozo Alameda-2, en el Bloque 9 de Cuba, para abrir paso a una perforación gemela en un punto cercano. La decisión llegó después de que las pruebas del Amistad 2 confirmaran un reservorio de alta calidad, pero con agua, sin recuperación de crudo.
El propio informe de la compañía describe el resultado como un yacimiento altamente permeable y acuífero. En la práctica, eso significó que el bombeo terminó arrojando agua a razón de 1.220 barriles por día, con una caída mínima de presión, mientras el volumen acumulado de agua producida rondó los 1.840 barriles. Para una industria castigada por la improvisación y la escasez, el dato golpea de frente las promesas de hallazgos que luego no se sostienen en la perforación real.
Melbana explicó que el nuevo pozo, Amistad-11, se proyecta en una posición estructuralmente más alta que Alameda-2 y con arranque a menor profundidad, para alcanzar la separación deseada dentro del reservorio y seguir hasta una profundidad total planificada de 1.000 metros. La empresa tomó esa ruta después de revisar los resultados de Amistad-2, iniciado el 18 de septiembre de 2025, y de modificar su diseño original cuando detectó que la parte alta de la estructura objetivo había sido erosionada y sustituida por sedimentos.
El reporte también reconoce que la perforación de Amistad-11 quedó frenada por problemas financieros dentro de la asociación. Aunque la compañía asegura que obtuvo la aprobación de los socios, todos los permisos y la movilización del equipo, Sonangol avisó que no podría enviar más fondos en 2025 y pidió aplazar la operación hasta 2026. Melbana respondió desmovilizando al personal.
En paralelo, la firma reportó una producción de 3.101 barriles de crudo durante el último trimestre de 2025, entregados a almacenamiento, con un inventario total de 36.687 barriles al cierre del período. El episodio vuelve a dejar al descubierto la fragilidad del proyecto petrolero en Cuba, donde cada anuncio de avance choca con la realidad de un sector limitado por el financiamiento, la ejecución y la incapacidad del régimen para sostener una política energética seria.

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