México envía 814 toneladas de ayuda mientras Cuba se hunde en la escasez

La llegada a La Habana de dos buques de la Armada mexicana con más de 814 toneladas de ayuda humanitaria volvió a dejar al descubierto la fragilidad de Cuba. Miguel Díaz-Canel celebró el envío como un gesto de “solidaridad” y “hermandad”, mientras el país sigue atrapado en una crisis energética y de desabastecimiento que el régimen ya no puede disimular.

Los barcos Papaloapan e Isla Holbox entraron en la bahía de La Habana alrededor de las 8:30 de la mañana con alimentos, artículos de higiene y leche en polvo. La primera embarcación transportó 536 toneladas de productos de primera necesidad y la segunda más de 277 toneladas de leche. En la carga aparecen arroz, frijol, carne, galletas, atún, sardinas y aceite vegetal, bienes que en la calle cubana han pasado hace rato de básicos a escasos.

El propio Díaz-Canel agradeció públicamente a Claudia Sheinbaum y subrayó que la ayuda “vale no solo como carga material”. En esa frase hay más confesión que protocolo: el régimen depende de la asistencia externa para sostener lo que no logra resolver con producción propia, ni con gestión eficiente, ni con un sistema económico que responda a las necesidades reales de la población.

Sheinbaum adelantó que este no será el único envío y que México mantiene reservadas más de 1.500 toneladas de leche en polvo y frijol para una segunda entrega. También aclaró que el petróleo queda fuera de ese paquete, porque su reanudación se evalúa bajo la presión de los aranceles anunciados por Estados Unidos. La ayuda llega, pero llega con límites; y el Gobierno cubano sigue sin control sobre la crisis que lo asfixia.

La escena coincide con un momento especialmente duro para la isla. Washington cortó los envíos de petróleo venezolano a La Habana tras la captura de Nicolás Maduro en una operación militar y luego amenazó con aranceles a los países que suministren combustible a Cuba. La Casa Blanca ha dicho además que espera que la falta de combustible empuje un “cambio de régimen”, una expresión que coloca a la dictadura frente a su propia debilidad estructural.

Ante la perspectiva de un desabastecimiento agudo de combustible, el Gobierno activó un plan de emergencia inspirado en la “opción cero”, aquella fórmula de supervivencia pensada para el peor escenario del Período Especial. El paquete incluye paralizar servicios públicos esenciales como el transporte, cerrar hoteles y mover turistas a otras instalaciones. En otras palabras, el país vuelve a prepararse para apagarlo todo mientras la propaganda oficial intenta vender como solidaridad lo que en la práctica revela dependencia, escasez y fracaso.

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