La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó que su gobierno seguirá enviando ayuda humanitaria a Cuba y defendió esa decisión frente a las sanciones de Estados Unidos contra los países que exportan petróleo a la isla. Desde su conferencia matutina, calificó esa presión de Washington como “muy injusta” y sostuvo que termina golpeando de manera directa a la población cubana.
Sheinbaum también adelantó que habrá “más apoyo” y reivindicó la solidaridad del pueblo mexicano con Cuba. Su anuncio vuelve a colocar en primer plano una realidad que el régimen cubano arrastra y pretende maquillar: la dependencia de auxilios externos para sostener necesidades básicas en medio de una crisis prolongada.
El señalamiento de la mandataria mexicana apunta al castigo económico de Estados Unidos, pero también expone la precariedad en que el castrismo ha hundido a la isla. Cuando la asistencia humanitaria se vuelve recurrente para cubrir carencias elementales, el peso de la responsabilidad cae sobre una estructura de poder incapaz de garantizar abastecimiento, estabilidad y condiciones mínimas de vida.
La ayuda prometida por México llega en una coyuntura en la que cada envío de combustible o asistencia hacia Cuba queda atrapado en la disputa política regional. En ese tablero, los cubanos siguen pagando el costo de una economía arruinada, sometida durante décadas al control político, la improvisación y el fracaso del régimen.

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