El llamado de Andrés Manuel López Obrador para reunir dinero a favor de Cuba dejó al descubierto las dudas dentro de Morena. Este 18 de marzo, varios senadores del partido dijeron que harán una aportación voluntaria y “de acuerdo a sus posibilidades”, pese a que perciben 132 mil 900 pesos mensuales.
La reacción llegó desde el propio recinto legislativo y marcó el tono de la operación política: mientras el expresidente pidió respaldo para la isla, sus correligionarios comenzaron a poner límites. Gerardo Fernández Noroña sostuvo que cada quien decidiría cuánto donar y apuntó que Cuba necesita también petróleo, no solo dinero. David Monreal, en cambio, condicionó cualquier aporte a que exista un acuerdo del grupo parlamentario y a que sea realmente necesario.
Félix Salgado Macedonio aseguró que todos los senadores de Morena apoyarían la iniciativa y repitió la consigna de que “amor con amor se paga”. Pero el ruido público ya había girado hacia otro punto: la asociación civil Humanidad con América Latina, señalada como receptora de los recursos, fue creada hace apenas 24 días y aparece como la única donataria autorizada fundada en México durante 2026.
El propio mensaje de López Obrador, difundido desde su retiro político, llamó a depositar en una cuenta de Banorte a nombre de esa organización para comprar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina para Cuba. En su texto, el exmandatario presentó la colecta como un gesto de solidaridad con un pueblo que, según dijo, está sufriendo.
La polémica creció cuando se señaló la presencia de personas cercanas al expresidente dentro de la estructura vinculada a la asociación, entre ellas Carlos Pellicer López, sobrino de uno de sus principales referentes políticos. Ese dato golpeó la idea de una iniciativa puramente ciudadana y reforzó las dudas sobre el trasfondo de la campaña.
Para Cuba, el episodio importa por la imagen que deja: el régimen sigue necesitando oxígeno externo mientras la escasez, la falta de combustible y el deterioro cotidiano golpean a la población. Cada apoyo que llega desde fuera alivia al poder, no a la gente que carga con las consecuencias de un modelo agotado.

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