La tasa de mortalidad infantil en La Habana llegó a 14 muertes por cada mil nacidos vivos, la cifra más alta registrada en décadas y un golpe directo al relato oficial sobre la salud pública en Cuba. El propio régimen reconoció el dato durante el último Pleno del Partido Comunista en la capital, donde quedó expuesta la magnitud del deterioro sanitario.
El indicador habanero supera por más de cuatro puntos la tasa nacional, que cerró 2025 en 9,7 por cada mil nacidos vivos, según dijo el primer ministro Manuel Marrero. Ese resultado también marca un retroceso frente a 2024, cuando el país había reportado 7,1. La comparación deja al descubierto una red hospitalaria cada vez más debilitada y un sistema que ya no logra sostener ni siquiera las cifras que durante años el castrismo usó como propaganda.
Junto con el desplome de la mortalidad infantil, las autoridades del Partido Comunista divulgaron otros datos negativos para La Habana: la producción física prevista quedó en 50,2%, la circulación mercantil minorista no se cumplió y la construcción de viviendas alcanzó apenas el 41%. La capital, que el régimen sigue presentando como escaparate político, terminó reflejando el mismo fracaso que arrastra el resto del país.
En diciembre, Marrero ya había admitido el deterioro de la mortalidad infantil, mientras evitaba ofrecer una actualización clara sobre la mortalidad materna, otro indicador que venía empeorando. Durante el primer semestre de 2025, la mortalidad materna subió a 56,3 por cada 100.000 nacidos vivos, frente a 37,4 en igual período de 2024. Guantánamo, Holguín y Santiago de Cuba figuraron entre las provincias más golpeadas.
El cuadro demográfico tampoco ofrece alivio. Marrero habló de envejecimiento poblacional y de una caída sostenida en el número de cubanos para las próximas décadas. La proyección oficial mantiene la tendencia de baja fecundidad y de más muertes que nacimientos, con una población estimada de 9,6 millones al cierre de 2025 y un descenso hasta 7,7 millones en 2050. En ese mismo horizonte, la proporción de adultos mayores subiría de 25,7% a 36,4%, mientras la población en edad laboral bajaría de 5,9 millones a 4,1 millones de personas.
Los números desmontan otra vez el discurso del régimen sobre el supuesto éxito del Programa Materno Infantil. Lo que aparece en La Habana y en el resto del país es un colapso sanitario y demográfico que ya no puede esconderse detrás de consignas ni de estadísticas maquilladas. La crisis de la salud pública cubana golpea a las familias desde el nacimiento y deja una evidencia incómoda para el poder: la maquinaria propagandística del castrismo ya no tapa el daño real.

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