Muere una cubana en el choque ferroviario de Adamuz

La cubana Tamara Margarita Valdés, de 50 años y residente en Huelva, murió tras el choque y descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad ocurrido el domingo pasado en Adamuz, provincia de Córdoba. Su nombre no apareció de inmediato en los listados oficiales de víctimas identificadas, pero la familia recibió después la confirmación del desenlace, según relató una persona cercana a su entorno.

El caso eleva a cuatro el número de cubanos involucrados en el accidente ferroviario, con al menos una fallecida. Antes de conocerse la noticia de Valdés, la Embajada de Cuba en España había informado que tenía confirmación oficial sobre tres ciudadanos cubanos entre los pasajeros afectados: uno hospitalizado y dos dados de alta. La tragedia dejó ver, una vez más, la fragilidad de una diáspora que rehace su vida lejos de la Isla y termina arrastrada por golpes que también alcanzan a las familias cubanas en el exterior.

Las autoridades españolas han ido ajustando las cifras a medida que avanzan las labores de rescate e identificación. Este miércoles, el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil confirmó 41 víctimas plenamente identificadas, mientras el balance de fallecidos ya subía a 43, después del hallazgo de otro cuerpo en la zona del siniestro. El accidente, uno de los peores en la historia reciente del país, también dejó 150 heridos y al menos 37 hospitalizados este martes.

La reconstrucción de las últimas horas de Valdés la muestra en un cierre abrupto y doloroso. Había pasado un fin de semana en Madrid con amistades que no veía desde hacía 25 años y regresaba a Huelva en el tren Alvia para retomar sus compromisos laborales. “Tenía una reunión el lunes a primera hora”, contó una amiga cercana. El viaje terminó en el descarrilamiento de Adamuz, donde también se vio implicado otro tren de la empresa Iryo que cubría la ruta Málaga-Madrid.

En medio de la confusión inicial, su nombre circuló entre listados informales de desaparecidos mientras los familiares esperaban noticias cerca del lugar del accidente. Su esposo, Ramón Montón, declaró que había hablado con ella apenas 20 minutos antes del choque. La incertidumbre se prolongó hasta que llegó la confirmación oficial, después de horas de angustia para los suyos.

Amigas y allegados despidieron a Valdés con mensajes de dolor en redes sociales. Una de ellas, Rosy del Todo Fournier, recordó el reencuentro reciente en Madrid y lo describió como un fin de semana de abrazos, risas y amor. También contó que ambas se conocieron en Cuba a inicios de los años 90 y que en 1995 viajaron juntas a España como parte de una gira artística organizada por el Ministerio de Cultura. Con el paso del tiempo, Valdés se estableció en Canarias y después en Huelva, donde trabajaba como directora de una inmobiliaria y tenía una hija de 18 años.

Otra cubana implicada en el accidente, Daniela Arteaga Martínez, seguía ingresada en el Hospital Universitario Reina Sofía, en Córdoba, sin peligro para su vida, según información difundida por el Instituto Superior de Diseño, donde estudió y ejercía como profesora. La entidad precisó además que la joven había viajado a España para cursar un máster en Comunicación y Educación Audiovisual en la Universidad Internacional de Andalucía.

La tragedia de Adamuz deja cifras brutales y también historias partidas en seco, como la de Valdés, una cubana que salió a un viaje de regreso a casa y terminó atrapada en una de las peores catástrofes ferroviarias recientes de España.

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