Muere en Miami Marcelino Miyares, figura del exilio democristiano

Marcelino Miyares, empresario, productor televisivo y una de las voces más conocidas de la corriente democristiana en el exilio cubano, falleció este miércoles en Miami. Su muerte cierra la trayectoria de un opositor que convirtió la política en trabajo organizativo, diálogo y defensa de una salida pacífica para Cuba lejos del control del régimen.

La noticia, reportada por Diario de Cuba a partir de declaraciones de Yaxys Cires, deja fuera de escena a un hombre que durante décadas defendió la idea de que la crisis cubana solo podía enfrentarse con unidad entre fuerzas distintas. Esa visión, incómoda para el castrismo por su rechazo al monopolio político, marcó buena parte de su vida pública y de su labor dentro del exilio.

Nacido en Limonar, Matanzas, en 1937, Miyares fue presidente y cofundador del Partido Demócrata Cristiano de Cuba. Desde esa plataforma impulsó el manifiesto Modelos para una transición pacífica en Cuba, además de participar en la fundación del Comité Cubano por la Democracia en 1991 y del espacio Consenso Cubano. Su perfil político se movió siempre en la lógica de la transición, no de la confrontación vacía, y apostó por sumar fuerzas dispersas contra una dictadura que ha sobrevivido justamente dividiendo, controlando y cerrando el espacio cívico.

También tuvo una formación académica sólida y una carrera profesional amplia en Estados Unidos. Obtuvo un doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad Northwestern y una maestría en Relaciones Internacionales en Georgetown, y llegó a actuar como observador electoral internacional en procesos de Venezuela, México, Bolivia y Colombia. Esa combinación de preparación, activismo y experiencia pública lo convirtió en un referente respetado dentro del exilio político cubano.

Fuera de la política, desarrolló trabajo en televisión, publicidad y marketing para el mercado hispano. Fundó empresas como Market and Advertising Research y participó en proyectos audiovisuales y campañas dirigidas a la comunidad latina. En su figura convivieron el empresario, el académico y el opositor, una mezcla poco frecuente entre los cubanos obligados a rehacer su vida fuera de la Isla después de chocar con un sistema cerrado y excluyente.

Su muerte también recuerda el peso que ha tenido el exilio como espacio de pensamiento político para Cuba. Mientras el régimen ha vaciado la vida pública interna, generaciones de cubanos han tenido que organizarse desde fuera para sostener propuestas de cambio, conservar memoria y defender una democracia que en la Isla sigue bloqueada por el poder absoluto de una élite envejecida y reacia a ceder.

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