Muertes y maltrato en la prisión 15-80

La prisión habanera 15-80, conocida como El Pitirre, acumula denuncias que el régimen no logra tapar con silencio ni con disciplina carcelaria. Los testimonios que salen de ese penal hablan de presos enfermos, atención médica negada, maltrato y muertes evitables en una instalación donde la vida de los reclusos queda a merced de la arbitrariedad.

Reinaldo Martínez Lemus, preso común y operado del corazón, había denunciado por carta la violación de sus derechos humanos y la negativa de las autoridades a ingresarlo en el Hospital Nacional para otra cirugía. Cuando su misiva llegó y fue publicada, él ya había muerto. En su testimonio dejó constancia de que dentro de la prisión solo recibía maltrato psicológico y ninguna respuesta médica seria. También describió hinchazón, falta de aire y la negación constante de una atención elemental.

La carta de Fabián Sarduy Pérez añade crudeza a lo ocurrido. Según su relato, Martínez Lemus murió el 8 de noviembre alrededor de las 8:00 de la mañana, pero su cuerpo no fue retirado hasta las 2:00 de la tarde. Sarduy aseguró que llevaba varios días sintiéndose mal, estaba de ingreso y aun así la jefatura de la prisión nunca le firmó el conduce. Ese mismo día pidió al funcionario de Orden Interior conocido como “El Duque” que lo llevara al puesto médico; la respuesta fue una negativa seca. Poco después, el recluso falleció.

La denuncia señala además como responsables al jefe de unidad, Lexis Borrero Ramírez, al segundo jefe de unidad, Reynaldo Parada, y al jefe de Orden Interior, Yolexis Garlobo Naranjo, a quienes acusa de no prevenir las muertes que se producen en la cárcel. El señalamiento apunta a una cadena de mando que mira hacia otro lado mientras los presos se deterioran sin atención y mueren dentro del penal.

El mismo centro penitenciario registró en noviembre pasado la muerte del preso común Ariel Cabrera, tras sufrir un infarto. Yoel Abad Beatón contó que en el puesto médico le diagnosticaron el infarto, pero lo enviaron de vuelta al destacamento a esperar un carro para trasladarlo al hospital. Cuando el vehículo llegó, ya era demasiado tarde. Su denuncia es clara: en la 15-80, los 1.227 prisioneros corren el riesgo de morir y todo queda impune.

Abad Beatón afirmó que desde el mes de octubre hasta la fecha habían muerto tres personas como consecuencia de la mala atención médica, el maltrato, el hambre y la falta de medicamentos. También denunció que no existe medicación para un tratamiento inmediato, mientras sí abunda la carbamazepina, una droga que, según su carta, la dirección de la prisión autoriza. Esa práctica, dijo, ha convertido el lugar en una narcoprisión y responde a una lógica de control que degrada aún más a los internos.

El preso responsabilizó a “Lexis Borrero y su camarilla” por la integridad física de todos los reclusos. Su testimonio describe una cárcel donde la salud queda sometida al abandono y donde la dirección actúa con impunidad frente al sufrimiento de los internos.

El Centro de Documentación de Prisiones Cubanas registró en diciembre 87 eventos relacionados con personas privadas de libertad. El informe recogió violaciones en 30 categorías de incidentes represivos. Las más recurrentes fueron el hostigamiento o represión, las malas condiciones de vida en prisión, la negación de atención médica, los problemas con la alimentación, las restricciones a la comunicación y el uso de celdas de castigo. Ese patrón confirma que lo que ocurre en El Pitirre forma parte de un sistema carcelario marcado por el abuso, el abandono y la impunidad.

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