Breini Hernández convirtió el hartazgo de una casa cubana en un reclamo directo a Donald Trump mientras describía la vida entre apagones, escasez de combustible y hambre. Su testimonio, recogido en un reportaje de la BBC, retrata una isla donde cocinar, trabajar y sostener la rutina diaria depende ya de la improvisación y de la leña.
Hernández habló desde una cocina montada en el patio de su casa, con arroz blanco sobre el fuego y la electricidad desaparecida otra vez. Contó que los cortes se repiten todos los días y que la hora de cocinar coincide con otra interrupción del servicio. “Todos los días lo mismo: la misma hambre, la misma miseria”, dijo, al resumir una realidad que el régimen ya no puede maquillar con propaganda.
“Tengo una niña, a las seis de la mañana te quitan la corriente y a las seis de la tarde, que es la hora de cocinar, la quitan otra vez”, relató. En esa frase cabe el derrumbe cotidiano de miles de familias: comida que no alcanza a prepararse, hogares obligados a resolver con leña y un país en el que lo elemental quedó sometido al apagón permanente.
El padre cubano también habló del deterioro social que acompaña la escasez. Dijo que todo el mundo tiene necesidad y que, cuando la gente no logra alimentar a sus hijos, la presión termina empujando a la calle y al robo. Su testimonio describe una Cuba rota por dentro, donde la miseria no solo vacía las ollas, también corroe la convivencia y deja a las familias atrapadas en la supervivencia más cruda.
En medio de ese cuadro, Hernández lanzó un mensaje político a Trump: “Ojalá que Donald Trump ya cogiera esto, para ver si mejora esto”. La frase no cambia el origen del desastre, pero sí revela el nivel de desesperación al que ha llevado el régimen a un cubano común, que ya mira fuera porque dentro no encuentra respuesta ni alivio.
El mismo reportaje muestra que la crisis no golpea solo a los hogares. Esteban Bello, dedicado al alquiler de autos clásicos descapotables para el turismo, explicó que conseguir gasolina se ha vuelto extremadamente difícil y que las colas para abastecerse pueden extenderse por kilómetros. “Así no puede funcionar un país, sin petróleo, sin gasolina”, afirmó. Su denuncia resume la parálisis de una economía que ya no sostiene ni el transporte básico ni los oficios más simples.
La crisis energética también ha ensuciado La Habana a la vista de todos. La basura se acumula en las calles porque los camiones recolectores no tienen combustible suficiente para operar con normalidad. Ese abandono tiene consecuencias directas en la vida urbana y expone la incapacidad del Estado para garantizar servicios mínimos mientras mantiene intacto su aparato de control político.
Algunos cubanos entrevistados por la BBC consideran incluso que la situación actual supera la gravedad del Período Especial. Esa comparación nace de la experiencia de vivir entre apagones, cocinar con leña y enfrentar una escasez que ya no distingue entre hogar, transporte y limpieza de la ciudad. El cuadro vuelve a demostrar lo mismo: el régimen destruyó la producción, vació el país y dejó a las familias peleando por sobrevivir.

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