Paraguay recibe a la nueva embajadora cubana en medio del gesto a Taiwán

Asunción recibió este martes las cartas credenciales de la nueva embajadora de Cuba, Belkys Lay Rodríguez, en una ceremonia en el Palacio de López donde también fue acreditado el representante de Taiwán, Iván Lee. El presidente Santiago Peña y el canciller Rubén Ramírez dieron curso al acto protocolar, que dejó a la vista la vieja disputa diplomática entre Pekín y Taipéi y la posición que Paraguay mantiene en Suramérica.

La presencia cubana en ese escenario tiene un peso particular. Mientras Paraguay sigue siendo el único país de Suramérica que conserva relaciones formales con Taiwán, La Habana aparece otra vez alineada con la red diplomática que históricamente se mueve bajo la sombra de China y de sus presiones sobre los pocos aliados que le quedan a la isla de Taipéi. Cuba, atrapada desde hace décadas en la lógica de bloque del castrismo, sigue usando su diplomacia como extensión de una política exterior ideologizada, sin margen real para una postura soberana propia.

Peña le dio a Rodríguez la bienvenida oficial y le aseguró que su Gobierno colaborará en el desempeño de sus funciones. Después, tanto ella como Lee sostuvieron una conversación breve y privada con el mandatario y con el canciller paraguayo. La escena fue protocolar, pero no inocente: exhibe cómo el régimen cubano sigue buscando espacios externos para sostener su presencia institucional fuera de la isla, aun cuando adentro mantiene a los cubanos sometidos a la ruina económica, el control político y la falta de libertades.

El contraste es conocido para cualquier cubano. Afuera, el régimen mantiene embajadas, sellos y ceremonias; dentro, multiplica el abandono, la escasez y la asfixia cotidiana. Cada representante que defiende la imagen oficial de La Habana en el exterior carga también con el deterioro de un modelo que no ofrece prosperidad ni derechos, pero insiste en proyectarse como actor diplomático respetable.

El comunicado de la Presidencia paraguaya habló de una diplomacia activa, orientada a la cooperación y a beneficios concretos para la ciudadanía. Esa lógica contrasta con la realidad cubana, donde la política exterior del régimen rara vez se traduce en bienestar para la gente que vive bajo su control. La ceremonia en Asunción dejó una imagen más amplia que un simple trámite diplomático: mientras otros países intercambian credenciales, la dictadura cubana sigue empeñada en sobrevivir en el exterior sin resolver el desastre que impone en casa.

Paraguay acreditó a la nueva embajadora cubana en una ceremonia marcada por el gesto simultáneo al representante de Taiwán y la vieja presión china.[18][

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