El músico cubano Pavel Molina Ruiz defendió en Facebook la memoria de su padre, el actor Enrique Molina, con un retrato íntimo que también deja una lectura política incómoda para el régimen: un hombre identificado con el comunismo, pero incapaz de someterse al miedo ni de pedir silencio a su familia cuando criticaba al poder.
En su publicación, Pavel insistió en que Enrique Molina “jamás, pero jamás” le pidió que moderara sus críticas al Gobierno cubano, pese a que el intérprete se asumía como “un comunista de corazón” y defendía el socialismo “con toda su alma”. Esa convivencia de afectos y diferencias ideológicas fue, según el músico, una marca de la relación entre ambos, sostenida sin fracturas ni imposiciones.
El testimonio también retrata a un artista que no aceptaba dócilmente la disciplina cultural del castrismo. Pavel afirmó que su padre se plantaba en la UNEAC, en el Ministerio de Cultura o donde fuera “a cantarle las cuarenta a malanga”, sin miedo y sin reservarse la crítica frente a las estructuras oficiales que durante décadas han querido convertir la obediencia en norma para los creadores.
La publicación introduce además el peso del 11 de julio de 2021 y del castigo que siguió para tantos cubanos. Según el hijo del actor, Enrique Molina estaba recién operado de un marcapasos cuando ocurrieron las protestas y luego enfermó de COVID, lo que, dijo, impidió que estuviera “afuera del Ministerio de Cultura” junto a los artistas que se pronunciaron aquel día. Pavel sostuvo que, de haber tenido otra salud, no habría guardado silencio ante los encarcelamientos y las injusticias desatadas después.
Ese pasaje importa porque sitúa a Molina del lado de una sensibilidad que el régimen nunca tolera del todo: la del creador con criterio propio, incluso cuando viene de dentro del sistema. El relato del hijo rompe la caricatura oficial del artista domesticado y recuerda que la fidelidad ideológica no siempre equivale a sumisión política.
En el cierre de su mensaje, Pavel fue más lejos y dejó una frase que pesa por encima del homenaje familiar: su padre, afirmó, no se habría quedado callado como tantos cubanos que miraron hacia otro lado mientras el poder encarcelaba y castigaba a quienes salieron a reclamar libertad. La referencia encaja con la Cuba posterior al 11J, donde el miedo, la censura y la represión también pasan factura dentro de las casas.
Enrique Molina, nacido en Bauta en 1943, dejó una trayectoria extensa en cine, teatro y televisión. Su nombre quedó asociado a títulos muy recordados de la Televisión Cubana y a películas que marcaron varias generaciones. Ahora, la voz de su hijo lo devuelve a la conversación pública desde otro ángulo: el de un artista con lealtades ideológicas discutibles para muchos, pero con una independencia personal que el régimen no pudo borrar.

Sé el primero en comentar