El Departamento de Guerra anunció que pondrá fin a todos sus programas de educación militar profesional, becas y certificaciones con Harvard University a partir del año académico 2026-27 para los miembros en servicio activo. La medida rompe una relación histórica entre la institución y las Fuerzas Armadas, y llega en medio del choque abierto entre la administración Trump y la élite universitaria.
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, defendió la decisión con un mensaje frontal en X. Calificó a Harvard como un centro “woke” y sostuvo que demasiados profesores miran con desprecio a los militares, deforman la imagen de las Fuerzas Armadas y aplastan a quien cuestione su línea ideológica. También dijo que la universidad ha sustituido el debate abierto por una ortodoxia rígida y costosa.
Hegseth, egresado de la propia Harvard, fue más lejos al acusar al campus de convertirse en un foco de activismo contra Estados Unidos. Según su planteamiento, la formación de oficiales en ese entorno terminó empujando a cuadros militares hacia ideas globalistas y radicales que chocan con la misión castrense. Su mensaje cerró con una frase que resume el giro político de Washington: el Departamento de Guerra forma guerreros, no militantes del wokismo.
La decisión coincide con una ofensiva más amplia contra Harvard. Donald Trump reclamó esta semana 1.000 millones de dólares en daños a la universidad, mientras su administración presiona con el uso del financiamiento federal para castigar lo que considera antisemitismo e ideología woke. En paralelo, los abogados del gobierno apelaron una orden judicial que obligaba a restituir 2.700 millones de dólares en fondos de investigación congelados.
Harvard demandó al gobierno en abril y alegó ante la corte que la congelación de esos recursos formaba parte de una campaña de presión inconstitucional para influir y controlar a las instituciones académicas de élite. Hegseth respondió que el Pentágono evaluará en las próximas semanas los programas de posgrado para militares activos en universidades de la Ivy League y en otras casas de estudio civiles, con el argumento de medir si realmente aportan educación estratégica útil y valor para el contribuyente.
El secretario también acusó a Harvard de haber tolerado un ambiente que celebra a Hamas, permite ataques contra judíos y da prioridad a las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión. El golpe del Pentágono deja claro que la disputa ya no se limita a la batalla por el presupuesto: apunta al corazón del adoctrinamiento progresista en la academia estadounidense.

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