Óscar Pérez-Oliva Fraga salió en Mesa Redonda a reconocer lo que el régimen suele esconder detrás de excusas repetidas: la crisis del combustible también responde a fallas internas. El viceprimer ministro y ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro, afirmó que el Gobierno no fue al espacio televisivo “a dar justificaciones” y dejó claro que esta vez no intentó cargar toda la responsabilidad sobre el llamado bloqueo.
La frase fue más reveladora que cualquier discurso oficial. “No nos queremos justificar con el bloqueo, hay un grupo de deficiencias internas”, dijo el funcionario, en una admisión que confirma el desastre de gestión que arrastra el aparato estatal. Mientras la isla vive un desabastecimiento agudo de combustible, el régimen insiste en vender parches como si fueran soluciones y en maquillar con propaganda una crisis que golpea a la población de forma directa.
Pérez-Oliva aseguró que el paquete de medidas busca “minimizar el impacto en la población cubana” y sostuvo que el país mantiene la generación eléctrica con crudo nacional, además de sostener los servicios en hospitales. También afirmó que “es el momento” de aplicar otro grupo de disposiciones, una fórmula ya conocida en Cuba: más restricciones, más controles y menos respuestas de fondo para el ciudadano común.
En su intervención, el ministro también trasladó la carga hacia los municipios al decir que deben “producir”, como si la escasez estructural pudiera resolverse con consignas locales mientras arriba se acumulan errores, improvisación y centralización. A eso sumó la prioridad de proteger las actividades económicas que generan divisas y la preparación para la defensa, señales de un gobierno que sigue poniendo primero la supervivencia del poder por encima del bienestar de la gente.
Después de la exposición televisiva, los dirigentes deberán salir a explicar las medidas ante la población, dentro del plan oficial para enfrentar la crisis de combustible. En la práctica, el mensaje vuelve a ser el mismo: el régimen reconoce parcialmente sus fallas, pero sigue sin asumir la magnitud del daño que provoca a diario a los cubanos.

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