La economía cubana entra en 2026 con una advertencia brutal: The Economist Intelligence Unit prevé una contracción del PIB de 7,2% y el economista Mauricio de Miranda Parrondo considera que ese golpe puede quedarse corto. Su lectura deja al descubierto un país empujado otra vez hacia el derrumbe por un régimen que sigue sin corregir el modelo que lo hundió.
De Miranda, profesor titular de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali e investigador con doctorado en Economía Internacional, dijo en una entrevista en vivo que se trata de “una contracción muy fuerte”. También calculó que, si ese pronóstico se cumple, el retroceso acumulado desde 2019 llegará al 23%, una caída que definió como “una brutalidad en siete años”.
El dato pesa más porque el deterioro no comenzó con la pandemia. Ya en 2019 la economía cayó 0,2%, y luego se hundió entre 8% y 8,3% en 2020. Desde entonces, la isla no ha recuperado el terreno perdido, mientras el resto de la región logró salir del bache con mayor rapidez. Cuba quedó atrapada en una espiral de contracción que golpea salarios, consumo, transporte, alimentos y servicios básicos.
La Cepal ya había confirmado que Cuba y Haití serían las únicas economías de América Latina en contracción durante 2025, una señal clara del aislamiento económico al que el régimen ha llevado al país. De Miranda recordó además que el PIB per cápita cubano se ubicó en apenas 1.082 dólares en 2025, frente a una media regional de 10.212 dólares. Entre 1990 y 2024, la economía solo creció 1,1% acumulado, un estancamiento que retrata décadas de promesas vacías y controles fracasados.
El panorama se agravó con hechos recientes que no estaban incluidos en la proyección inicial del EIU. El corte del suministro de petróleo venezolano, del que Cuba dependía en unos 25.000 a 30.000 barriles diarios, profundizó una crisis energética que ya causaba apagones de hasta 20 y 25 horas. Sin electricidad estable, el país se paraliza aún más y la vida cotidiana queda reducida a la resistencia.
A eso se suma el desplome del turismo, que pasó de 4,7 millones de visitantes en 2018 a 1,8 millones en 2025. También golpea la decisión de Jamaica de no renovar el convenio de cooperación médica con La Habana, vigente desde 1976, lo que recorta otra fuente de divisas para una economía asfixiada. Y la zafra 2024-2025 terminó produciendo menos azúcar que en 1899, una imagen devastadora de la ruina industrial que dejó el castrismo.
De Miranda fue directo al señalar que las sanciones no explican por sí solas el desastre azucarero. La responsabilidad principal, dijo, recae en Fidel Castro y en el desmantelamiento de 120 centrales azucareros ordenado en 2002. Esa herencia pesa todavía porque el régimen nunca reconstruyó lo destruido ni asumió reformas reales para liberar la producción.
El economista también acusó al gobierno cubano de negarse a cambios de fondo por miedo a perder el control político. Esa es la raíz del problema: el régimen prefiere conservar el poder antes que permitir una economía que funcione. Por eso las medidas que anuncia, como el Decreto 114 para asociaciones entre empresas estatales y privadas, terminan siendo parches sin coherencia sistémica.
La entrevista ocurrió el mismo día en que Díaz-Canel confirmó conversaciones con Estados Unidos después de haberlas negado varias veces, otra muestra de la falta de transparencia con que se maneja la cúpula del poder. De Miranda señaló además la presencia de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y sin cargo oficial, en esa reunión del Buró Político como símbolo de la desinstitucionalización que carcome al país.
Mientras el régimen insiste en proyectar un crecimiento oficial de 1% para 2026, los expertos ven un futuro mucho más duro. De Miranda cerró su diagnóstico con una frase que resume el callejón cubano: no existe luz al final del túnel bajo las condiciones políticas actuales.

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