Diez noches seguidas de protestas y cacerolazos han roto la calma en varias localidades de Cuba, con La Habana como uno de los focos más visibles y con un mismo telón de fondo: apagones, falta de agua y rechazo abierto al régimen. En la capital, vecinos salieron a las calles con consignas como “Libertad” y “Abajo el Comunismo”, una señal clara de que el malestar ya no se queda en la cola ni en la queja doméstica.
La noche del domingo se reportó además quema de basura en las calles Belascoaín y Jesús Peregrino, cerca del Ministerio de Energía y Minas, un gesto de protesta que expone hasta dónde ha escalado la rabia popular. En Santos Suárez, en el municipio Diez de Octubre, hubo otro cacerolazo con gritos contra el comunismo, mientras en Luyanó también se escuchó el golpe de las cazuelas como forma de desafío civil frente al abandono.
En el Cerro, según un testimonio difundido por el periodista Mario J. Pentón, vecinos bloquearon una avenida con cubos vacíos en medio de un apagón y sin agua. La imagen resume el colapso cotidiano que vive buena parte de la capital: electricidad que llega apenas dos horas al día en algunas zonas, días enteros sin suministro de agua y familias obligadas a improvisar una protesta con lo poco que tienen a mano.
Después llegaron la policía y la Seguridad del Estado, el reflejo habitual del régimen cuando la calle deja de obedecer. La respuesta oficial no resuelve la causa del estallido; solo confirma que el poder sigue tratando como asunto de orden público lo que en realidad es consecuencia directa del fracaso de su control sobre los servicios básicos y sobre la vida de la gente.
Las protestas comenzaron el 6 de marzo y han sido, en su mayoría, nocturnas. Nacen del cansancio acumulado por la crisis general del país y por el castigo diario de los apagones, pero también dejan ver un cambio político importante: cada vez más cubanos conectan la escasez con el sistema que la produce y se atreven a decirlo en voz alta.
La mayor manifestación registrada hasta ahora ocurrió en Morón, Ciego de Ávila, el 13 de marzo, cuando decenas de personas quemaron los alrededores de la sede municipal del Partido Comunista. Ese dato confirma que la inconformidad ya rebasó el reclamo por la electricidad y se convirtió en una protesta frontal contra la estructura de poder que sostiene la ruina del país.

Sé el primero en comentar