Protestas y detenciones sacuden La Habana por los apagones

La Habana volvió a estallar este martes con protestas, cacerolazos y detenciones en varios municipios, en una señal clara de hasta dónde ha llevado a la gente el colapso eléctrico y la falta de combustible. La inconformidad se sintió por quinto día consecutivo en barrios de Marianao, Centro Habana, El Cerro y Lawton, mientras la respuesta oficial volvió a pasar por la vigilancia y el arresto.

Los videos que circularon en redes y los testimonios recogidos desde la capital mostraron a vecinos saliendo a la calle después de largas horas sin corriente. En Santa Felicia, Marianao, el reclamo tomó fuerza cuando decenas de personas se unieron en un cacerolazo que terminó forzando la reconexión del servicio, según relató el opositor Mario Alberto Hernández Leyva.

En Santos Suárez, la tensión subió todavía más. Las imágenes difundidas dejaron ver a residentes encarando a agentes policiales en medio de la oscuridad y la rabia acumulada. Una voz gritó lo que muchos cubanos repiten ya sin filtros: “Hay gente muriendo, basta ya”. Vecinos de 12 y D confirmaron la protesta a Radio Martí.

Lawton también se convirtió en otro punto de ruptura. Una residente describió una noche de calderos en la calle y la desesperación de una barriada que ya no aguanta más apagones, sin gas y sin posibilidad de cocinar en sus casas. Ese es el rostro real de la crisis: familias empujadas a protestar por lo elemental, mientras el régimen insiste en administrar la escasez como si fuera normalidad.

La represión no tardó. Una vecina contó que quienes fueron a apoyar a un detenido terminaron frente a la estación policial de Aguilera. Allí, un agente confirmó que hubo dos arrestados en Lawton y que ambos fueron llevados a Villa Marista, el centro asociado a la Seguridad del Estado donde suelen terminar quienes desafían al poder en la calle.

La Unión Eléctrica admitió al mismo tiempo que el sistema está en estado crítico, con 10 unidades fuera de servicio, 5 por roturas y 5 por mantenimiento. Para la hora pico, la demanda debía llegar a 3,080 MW, pero la generación apenas alcanzaría 1,120 MW, un déficit que deja al país entero condenado a más apagones y a más rabia acumulada.

La escena de este martes resume el desgaste de Cuba bajo un aparato que no resuelve la crisis y sí castiga a quien la enfrenta. Cuando la luz se va, también se apagan la paciencia, la comida y la mentira oficial. Lo que queda en los barrios es miedo, bronca y una población obligada a salir a la calle para reclamar lo mínimo.

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