Cacerolazos en La Habana tras apagones de más de 12 horas

La Habana volvió a estremecerse este fin de semana con cacerolazos y protestas en varios municipios, después de jornadas de apagones prolongados que dejaron a vecinos de Marianao, Diez de Octubre y Arroyo Naranjo sin servicio eléctrico por más de 12 horas seguidas.

Las imágenes difundidas en redes sociales y los reportes de medios independientes muestran un malestar que se ha ido acumulando en la capital. La protesta empezó el viernes y se mantuvo al menos hasta la noche del domingo, con toque de calderos en viviendas y salidas a la calle en distintos puntos de la ciudad.

En Lawton, en el municipio Diez de Octubre, residentes bajaron por la calle Acosta golpeando utensilios y cerraron la vía en la intersección con la calle 9na, donde además quemaron basura, según las publicaciones citadas. La escena retrata el agotamiento de barrios enteros que llevan días encadenando interrupciones del servicio eléctrico mientras el régimen sigue administrando la crisis como si fuera una molestia pasajera.

El colapso del sistema electroenergético, la falta de combustible y el deterioro de las termoeléctricas están detrás de unos apagones que ya forman parte de la vida diaria en la isla. En La Habana, ese fracaso técnico y político golpea de frente a las familias, rompe la rutina doméstica y empuja a la gente a un nivel de hartazgo que termina saliendo a la calle.

También apareció la respuesta habitual del aparato represivo. Según lo divulgado por el periodista José Raúl Gallego, una patrulla policial y oficiales de la Seguridad del Estado grababan la protesta en Lawton mientras los vecinos se manifestaban. La presencia de esos agentes confirma que el régimen sigue tratando el descontento ciudadano como un problema de vigilancia y control, no como una consecuencia de su propio derrumbe eléctrico.

El sábado, además, Marianela Peña Cobas fue detenida y golpeada por participar en una de las protestas en La Habana y gritar consignas contra el régimen. Su hermana, la opositora exiliada Marisol Peña Cobas, denunció que fue liberada con golpes en el rostro. La agresión vuelve a dejar expuesto el mismo patrón: cuando el cubano protesta por luz, por dignidad o por libertad, la respuesta oficial llega en forma de detención, intimidación y violencia.

Lo ocurrido en la capital confirma que los apagones ya no solo castigan los hogares. También están alimentando una protesta abierta contra el poder en barrios donde la paciencia se agotó hace tiempo. Cada cacerolazo en La Habana refleja el desgaste de un país hundido en la precariedad y sometido a un régimen que responde con represión al costo humano de su fracaso.

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