El régimen admite que los apagones seguirán por la crisis del sistema eléctrico

El propio régimen cubano reconoció que los apagones seguirán castigando a la población sin una salida cercana. La admisión llega en medio de una crisis energética que ya desbordó la capacidad de respuesta del sistema, mientras faltan hidrocarburos, se encoge la generación y la vida diaria en la isla queda otra vez rehén de la improvisación oficial.

En una información difundida por la Televisión Nacional, funcionarios del sector eléctrico aceptaron que “el sistema está al límite” y que la imposibilidad de concretar importaciones de combustibles golpea de frente a la generación nacional. La frase, dicha desde dentro del aparato estatal, confirma lo que millones de cubanos sufren a diario: la red no aguanta más y el régimen no tiene solución inmediata.

Uno de los directivos del sistema eléctrico estatal explicó que el daño alcanza a la exportación de la materia prima principal, el crudo que debería entrar en la industria para ser refinado. También admitió que los puertos no están recibiendo los volúmenes necesarios de diésel ni de fuel oil, dos combustibles decisivos para producir electricidad y sostener hornos, calderas y plantas industriales.

El mismo funcionario reconoció además la escasez de gas licuado de petróleo y de gas de balita, insumos básicos para cocinar en miles de hogares. Según dijo, ha habido buques retenidos durante meses y hasta capital disponible sin posibilidad de mover el dinero hacia los bancos. En la práctica, esa confesión deja al descubierto un sistema económico y financiero paralizado, incapaz de garantizar algo tan elemental como encender una hornilla o sostener una termoeléctrica.

Mientras tanto, los apagones ya superan las 10 horas diarias en varias provincias del centro y el oriente del país. El malestar crece en barrios donde la falta de electricidad se suma a la escasez de combustible y alimentos, y donde cada corte prolongado golpea también el transporte, la conservación de productos y el funcionamiento de los servicios básicos.

En redes sociales, numerosos usuarios describieron la situación como insostenible. El régimen, sin embargo, sigue echando la culpa a las sanciones y al embargo financiero de Estados Unidos, y evita asumir el peso de la mala gestión estatal, la obsolescencia de las plantas y el derrumbe de una infraestructura incapaz de sostenerse por sí sola.

La producción eléctrica nacional ha caído a niveles mínimos en más de una década. Sin inversiones extranjeras y sin acceso estable a crudo refinable, la crisis seguirá arrastrando al país hacia más apagones, más freno productivo y más deterioro de los servicios públicos. En Cuba, la luz ya no falla por accidente: se apaga por la combinación de dependencia, abandono y control político sobre un sistema agotado.

A eso se suma la reducción del suministro de petróleo venezolano, en un momento en que el régimen cubano pierde margen de maniobra para sostener su red energética. La falta de proveedores alternativos y la obsolescencia de las termoeléctricas han dejado a la isla en una dependencia crítica, con un sistema al borde del colapso y sin capacidad real para estabilizarse.

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