El régimen reconoció en su propia pantalla que la atención a los cubanos más vulnerables sigue incompleta porque el presupuesto no alcanza. La admisión salió en Canal Caribe, durante un reportaje sobre un comedor de Plaza de la Revolución donde cada día llegan adultos mayores en busca de comida.
La escena retrata el desgaste de un sistema que promete amparo y termina obligando a escoger. Yamilet Martínez, directora de trabajo en Plaza de la Revolución, explicó que el presupuesto no es amplio y que se hacen estudios para determinar quién recibe ayuda. Esa frase resume la lógica de la asistencia social bajo el castrismo: no hay cobertura suficiente, solo reparto de la escasez.
Beatriz Hechevarría, administradora local del Sistema de Atención a la Familia, confirmó la presión sobre esos servicios. Según dijo, entre siete y ocho ciudadanos piden cada día incorporarse a un programa creado en 1998 para ofrecer alimentación subsidiada a personas en situación de vulnerabilidad. El dato describe un país donde la necesidad crece más rápido que la respuesta estatal y donde hasta un comedor subsidiado se convierte en filtro de supervivencia.
El propio reportaje situó el problema en Plaza de la Revolución, uno de los municipios con mayor envejecimiento poblacional, donde el 34,6% de los habitantes está en la tercera edad, muchos solos o con problemas de salud. Allí la vulnerabilidad dejó de ser una categoría burocrática y se volvió una realidad visible en los rostros de ancianos que dependen de un plato de comida para pasar el día.
El material también admitió que varios de esos centros dependen de donaciones del sector privado, cultural y deportivo. Ese detalle desnuda la precariedad del aparato social del régimen y su incapacidad para sostener por sí mismo una red mínima de protección. Cuando el Estado recurre a donaciones para cubrir una necesidad tan básica, queda expuesto el fracaso de un modelo que concentró poder durante décadas y no logró garantizar ni la alimentación de los mayores.
La crisis tiene raíces demográficas que el propio oficialismo ya no puede ocultar. Cuba vive un envejecimiento acelerado, marcado por la caída de los nacimientos y un éxodo migratorio sin precedentes en décadas. Las cifras oficiales citadas en el reportaje señalan que el único grupo en aumento es el de los adultos mayores y que para 2030 alrededor del 30% de los cubanos tendrá 60 años o más.
Manuel Marrero ya había reconocido que la dinámica poblacional es compleja. En la práctica, esa complejidad se traduce en más ancianos desamparados, más dependencia de comedores subsidiados y más selección arbitraria de beneficiarios. El régimen conserva el discurso de justicia social, pero su propia realidad lo desmiente: reparte insuficiencia, administra carencias y abandona a quienes más deberían proteger.

Sé el primero en comentar