El régimen desmantela los IPVCE por falta de transporte

El régimen cubano ha dejado sin base material a los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas (IPVCE) y ya avisó que sus alumnos seguirán las clases en centros más cercanos a sus casas, una salida que en la práctica confirma el desmantelamiento de esas escuelas de élite.

La medida golpea directamente a un sistema que durante años fue presentado como vitrina del modelo educacional castrista. Los IPVCE nacieron con la escuela Vladímir Ilich Lenin, inaugurada en La Habana en 1974, y después se extendieron por el país con la promesa de formar talento en Matemática, Física y Química. En su origen tenían mejores condiciones que el resto de las escuelas y funcionaban como un canal para preparar a los estudiantes más destacados para la universidad.

Con el tiempo, esa imagen se fue cayendo. El Período Especial, la COVID-19, la desidia administrativa y el éxodo de docentes fueron vaciando de contenido aquellos centros que antes simbolizaban una apuesta por la excelencia. Las instalaciones ya no conservan las condiciones materiales de antaño y muchos alumnos dejaron de verlos como espacios ideales para su formación.

Dos reportajes publicados por Juventud Rebelde daban cuenta de ese retroceso y todavía intentaban sostener la idea de una recuperación posible. Incluso reconocían que los IPVCE seguían obteniendo resultados mejores que los preuniversitarios convencionales: 84% de aprobación en los tres exámenes de ingreso frente a 53% en el resto. Pero la realidad terminó imponiéndose por la vía más cruda: si no hay transporte para mover a los estudiantes, el régimen desarma la estructura completa y traslada la enseñanza a cualquier lugar disponible.

La decisión también desnuda el costo político de un sistema que durante décadas exigió simpatía con el régimen para acceder a esos planteles. Primero convirtió la educación en filtro ideológico; ahora, por la ruina económica y la falta de recursos, ni siquiera puede sostener el escaparate que usó para vender futuro. Lo que queda es una nueva derrota para una política educativa que presume de igualdad mientras abandona a sus propios centros de excelencia.

La ministra de Educación, Naima Ariatne Trujillo Barreto, lo dejó claro al anunciar que los alumnos continuarían en preuniversitarios cercanos a sus hogares. Traducido al cubano de a pie, eso significa que el Estado ya no puede garantizar el traslado ni sostener la red que mantenía vivos a los IPVCE. El discurso sobre el país que debía formar “hombres de ciencia” termina, una vez más, sepultado por la incapacidad del régimen para sostener lo que promete.

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