Cuba volvió a entrar en alarma sanitaria por el repunte de dengue y otros virus, mientras el propio Ministerio de Salud Pública admite un panorama agravado por la basura acumulada y las lluvias recientes. La epidemia avanza sobre un país donde la limpieza, la fumigación y el control vectorial dependen cada vez más de una maquinaria estatal que llega tarde, mal y casi siempre sin recursos.
Francisco Durán, director nacional de Epidemiología, informó en la televisión estatal que de los ocho pacientes hospitalizados en salas de cuidados intensivos, siete se encuentran reportados de graves y uno en estado crítico. El cuadro confirma que el dengue no está circulando como un mal menor, sino como una amenaza clínica seria en una isla golpeada por el deterioro urbano y la dejadez oficial.
El funcionario reconoció que persiste una alta infestación de mosquitos, alimentada por las lluvias y por la acumulación de desechos. Su propia advertencia dejó al desnudo una realidad que el régimen intenta maquillar: el mosquito se cría donde la basura se pudre, donde hay salideros, huecos en las calles y fosas vertiendo, y donde el Estado ha dejado a la población expuesta a su suerte.
Desde Sancti Spíritus, el reportero independiente Adriano Castañeda describió una situación “alarmante” y señaló que las autoridades provinciales no destinan recursos al saneamiento urbano. Denunció además que la falta de combustible agrava la recogida de basura y que no hay una fumigación capaz de contener el brote en barrios donde se acumulan desperdicios, agua sucia y focos permanentes de infección.
Las quejas ciudadanas coinciden con ese diagnóstico y apuntan hacia los apagones, la suciedad y el abandono como parte del mismo problema. En otras etapas, las pesquisas casa por casa ayudaban a detectar fiebre y malestar a tiempo; hoy, según la denuncia recogida, ni siquiera ese trabajo básico se está haciendo con la disciplina de antes. El resultado es el de siempre: un sistema de salud obligado a correr detrás del virus en vez de prevenirlo.
Durán advirtió que, a diferencia de otros arbovirus, el dengue entraña un riesgo clínico mayor y pidió acudir de inmediato al médico ante síntomas como la fiebre. Junto al dengue, el país mantiene transmisión de oropouche y chikungunya, una combinación que vuelve más frágil a una población castigada por la crisis de higiene, la precariedad de los servicios y la incapacidad del régimen para sostener lo elemental.

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