Rubio negocia en secreto con el nieto de Raúl Castro

Marco Rubio mantiene conversaciones reservadas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, mientras Washington endurece la presión sobre La Habana y la Casa Blanca admite contactos “al más alto nivel” con el régimen cubano. La revelación, publicada por Axios y atribuida a tres fuentes anónimas, vuelve a colocar a Cuba en una negociación opaca, lejos de cualquier control público.

La noticia importa porque confirma que Estados Unidos sigue moviendo su relación con la dictadura por canales cerrados, aun cuando Donald Trump habla de Cuba como una “nación en quiebra” y descarta una operación para derrocar a Miguel Díaz-Canel. En esa combinación de presión y secreto, la población cubana queda otra vez fuera de la mesa, sometida a decisiones que se toman sobre su futuro sin rendición de cuentas.

Axios asegura que Rubio habló con el nieto de Raúl Castro al margen de su gobierno. Ese detalle deja ver el peso que todavía conserva la familia Castro dentro del poder real en la isla, aunque Raúl Castro se haya retirado oficialmente de toda función decisoria. Su influencia sigue ligada a las fuerzas armadas, y su apellido reaparece en un momento en que La Habana busca oxígeno en medio de la crisis.

La opacidad alcanza también al lado estadounidense. Trump dijo a comienzos de febrero que había conversaciones con Cuba “al más alto nivel”, pero la administración se negó a ofrecer detalles sobre el contenido o los interlocutores. El Departamento de Estado y la embajada cubana en Washington rehusaron comentar el reporte. El silencio deja a la vista una negociación que avanza sin transparencia mientras la isla sigue hundida en la penuria de combustible y en cortes de electricidad constantes.

El contexto económico y energético explica la urgencia del régimen. En enero, Washington impuso un bloqueo petrolero contra la isla tras la incautación de exportaciones de crudo venezolanas, una medida que precipitó una negociación con Caracas. Cuba denunció esa maniobra y enseguida se mostró dispuesta a negociar. La secuencia vuelve a mostrar la fragilidad de un sistema que depende del combustible externo y administra la crisis con reserva política, sin abrir espacio a la ciudadanía.

La Casa Blanca sostiene que Cuba “se está colapsando” y que lo mejor para la isla es hacer cambios “dramáticos” pronto. Lo que permanece claro es que el castrismo vuelve a sobrevivir dentro de la opacidad, apoyado en su estructura de poder y en conversaciones que no responden al país real, el que sufre apagones, escasez y deterioro diario.

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