Marco Rubio abrió en el Caribe una nueva ronda de alineamiento político con Trinidad y Tobago y Guyana, al invitarlos a una cumbre de líderes latinoamericanos que Estados Unidos celebrará en marzo en Florida. La jugada llega después de sus reuniones bilaterales con la primera ministra Kamla Persad-Bissessar y el presidente Irfaan Ali, en encuentros donde pesaron la seguridad, la energía, el petróleo y la presión de Washington sobre Cuba y Venezuela.
La señal importa para La Habana porque confirma que el Caribe sigue siendo un frente activo en la estrategia de Estados Unidos para aislar a los regímenes de la región. Persad-Bissessar admitió que habló con Rubio sobre Haití, Cuba y los compromisos con Venezuela de cara al futuro, mientras ambos gobiernos acordaron reforzar la cooperación en materia energética y de seguridad. En paralelo, el Departamento de Estado elogió a Trinidad y Tobago como un socio sólido y resaltó el respaldo público de la primera ministra a las operaciones militares estadounidenses en el mar Caribe.
El encuentro también dejó sobre la mesa la reapertura de la refinería Petrotrin, un tema que la mandataria trinitense dijo haber tratado directamente con Rubio, quien aceptó facilitar el contacto con el Departamento de Energía. Ese intercambio revela hasta qué punto Washington combina presión política con intereses estratégicos en la región, mientras otros gobiernos caribeños buscan respaldo para seguridad, combustibles y estabilidad interna en medio del avance del crimen transnacional.
Rubio igualmente se reunió con Ali, que confirmó haber recibido una invitación para asistir al encuentro de marzo en Miami. Aunque los detalles de la cumbre todavía no se han hecho públicos, el gesto encaja con la política exterior de Donald Trump en su segundo mandato: un viraje más duro contra Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro en enero y una presión creciente sobre Cuba.
En ese tablero, el régimen cubano vuelve a quedar en el centro de las discusiones regionales sin haber movido una sola pieza a su favor. La isla aparece mencionada junto a Haití y Venezuela como parte de los temas de seguridad, migración y estabilidad que Washington discute con sus aliados del Caribe. Para La Habana, que vive de la propaganda y del desgaste, cada acercamiento de sus vecinos a Estados Unidos reduce todavía más su margen diplomático y exhibe el aislamiento que le ha costado décadas de autoritarismo, improvisación y ruina económica.
La cumbre de Florida buscará reunir a mandatarios de América Latina alineados con Washington, entre ellos Javier Milei, Rodrigo Paz, Daniel Noboa, Nayib Bukele, Nasry Asfura y Santiago Peña. El mensaje es claro: Estados Unidos está armando un bloque político de apoyo en la región, mientras Cuba queda fuera de la conversación útil y atrapada en la lista de problemas que el continente ya no quiere cargar.

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