El Kremlin volvió a marcar el límite de cualquier salida negociada a la guerra de Ucrania: no aceptará una solución de largo plazo mientras la cuestión territorial siga sin resolverse, y esa salida pasa, según Moscú, por la fórmula acordada con Washington en agosto de 2025, que adjudicaba a Rusia gran parte del Donbás oriental, ya ocupado en buena medida por sus tropas.
La postura fue expuesta por Yuri Ushakov, asesor de Vladimir Putin, al terminar una reunión de casi cuatro horas en Moscú entre el presidente ruso y representantes de Estados Unidos. En la mesa estuvieron el enviado especial Steven Witkoff, el exasesor de la Casa Blanca Jared Kushner, y el comisionado del Servicio Federal de Adquisiciones, Joshua Gruenbaum, incorporado por primera vez al equipo estadounidense.
El mensaje de Moscú deja una señal incómoda para cualquier negociación seria: el régimen ruso pretende convertir la ocupación militar en reconocimiento político. La guerra avanza sobre el terreno, pero el Kremlin busca fijar sus ganancias en una conversación diplomática que arranca condicionada desde el principio. Mientras esa exigencia siga intacta, la paz quedará sometida al mapa que Rusia intenta imponer por la fuerza.

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