Las autoridades sanitarias de Santiago de Cuba encendieron las alarmas ante el incremento del riesgo epidemiológico en la provincia por la presencia de arbovirosis, enfermedades diarreicas agudas y otras infecciones de transmisión digestiva, entre ellas la hepatitis A y la fiebre tifoidea. El cuadro sanitario vuelve a golpear a una población castigada por el calor, las lluvias y el abandono de los servicios básicos.
Según el reporte divulgado por la prensa estatal, la combinación de altas temperaturas e intensas lluvias tras un periodo seco prolongado ha favorecido la expansión de focos y la circulación de enfermedades. La doctora Yaimara Gutiérrez de la Cruz, directora del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología, reconoció que en el país circulan chikungunya, fiebre de Oropouche y dengue, este último con brotes en varios territorios.
En Santiago de Cuba, la situación se mantiene especialmente complicada en Palma Soriano y en el municipio cabecera. La propia directiva admitió que el riesgo de incremento de casos existe también en el resto de los territorios por los altos índices de infestación del Aedes aegypti, un indicador que retrata la fragilidad del control sanitario en la isla.
Gutiérrez de la Cruz calificó como “muy negativa” la situación actual y señaló que las lluvias recientes, sumadas al déficit de abasto de agua en muchos centros urbanos, empujan a las familias a almacenar líquido en condiciones precarias. Ese entorno favorece la proliferación de mosquitos y otros focos que el régimen no logra contener con medidas efectivas.
Los síntomas de estas enfermedades se parecen demasiado entre sí: fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares y óseos, decaimiento, pérdida del apetito, dolor retroorbitario y rash. La propia doctora insistió en que ante cualquiera de esos cuadros la población debe acudir al médico y no restarles importancia.
En el caso de las enfermedades diarreicas agudas y otras dolencias digestivas, la transmisión más frecuente ocurre por el consumo de agua o alimentos contaminados con heces. De ahí la insistencia en el lavado frecuente de manos, el hervido del agua, la limpieza de frutas y vegetales, y la separación de alimentos crudos y cocidos. También recomendó desinfectar la vivienda, mantener tapados los cestos de basura y limpiar corrales si hay animales domésticos o de cría.
La funcionaria también llamó a tener a mano sales de rehidratación oral, o a prepararlas de forma casera, ante síntomas como vómitos, fiebre, dolor abdominal o diarreas acuosas. La advertencia resulta reveladora: en un país donde los hospitales arrastran carencias, la primera barrera contra estas enfermedades recae otra vez sobre las familias, no sobre un sistema de salud quebrado por la desidia oficial.
Desde La Habana, el director nacional de Epidemiología, Francisco Durán García, intentó sostener la versión de que el sistema “responde” y negó rumores de muertes masivas en Matanzas. Aseguró que no se han reportado fallecidos y que no existe colapso, pese a la evidencia cotidiana de hospitales sucios, sin agua corriente, con salas abarrotadas y falta de insumos básicos.
Durán reconoció la circulación simultánea de dengue, chikungunya y Oropouche en el país. Informó además que el dengue se mantiene activo en 12 provincias, 36 municipios y 44 áreas de salud; que el chikungunya comenzó en Matanzas y sigue expandiéndose allí; y que el Oropouche está presente en 12 provincias, 26 municipios y 31 áreas de salud, aunque con tendencia a la disminución.
El propio funcionario admitió que hay cuatro pacientes hospitalizados por dengue, tres graves y uno crítico. Aun con ese parte, la realidad sanitaria del país sigue marcada por la escasez de medicamentos, la suciedad de los hospitales y la basura acumulada en calles y barrios, un terreno ideal para que estas enfermedades sigan avanzando sin que el régimen ofrezca una respuesta a la altura.
La crisis epidemiológica en Santiago de Cuba confirma la vulnerabilidad de la población frente a un sistema de salud deteriorado, sin higiene, sin recursos y sin capacidad real de prevención. Mientras la propaganda oficial insiste en minimizar el problema, las familias cubanas cargan con el costo directo de una emergencia que se agrava entre el calor, las lluvias y el colapso de los servicios.

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