Socialcristianos nicaragüenses piden unidad contra Ortega

Los socialcristianos de Nicaragua llamaron este sábado a la oposición a cerrar filas contra Daniel Ortega, en el poder desde 2007, y a construir una salida común frente a un régimen que, según denunciaron, ya solo se sostiene con represión y la eliminación de las libertades públicas. El pronunciamiento del Partido Humanista Social Cristiano, con base en el exilio y ligado a la Organización Demócrata Cristiana de América, vuelve a colocar sobre la mesa el desgaste del sandinismo y la fragilidad de una oposición que sigue buscando una vía creíble para retar al poder.

El mensaje del PHSC no se limitó a repetir una consigna de unidad. El partido tomó como referencia lo ocurrido en Venezuela el pasado 3 de enero, cuando fuerzas de Estados Unidos capturaron a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en una operación militar en Caracas y los trasladaron a una cárcel en Nueva York, donde enfrentan un proceso por narcotráfico. También enlazó ese episodio con la presión que, a su juicio, ejerce Donald Trump sobre Cuba y sobre la dictadura de Ortega mediante denuncias y sanciones.

Desde esa lectura, el grupo socialcristiano concluyó que hay una ofensiva clara de la nueva administración estadounidense contra tres dictaduras que comparten el mismo patrón político: cierre del espacio público, control sobre la vida política y castigo a toda expresión disidente. La comparación no es menor en una región donde esos regímenes han intentado sobrevivir blindando el poder y debilitando cualquier alternativa democrática desde dentro.

El PHSC, presidido desde el exilio por el exembajador de Nicaragua en Alemania José Dávila, insistió en que su aspiración es ver una democracia plena en Nicaragua, con pluralismo político, justicia social y libertades públicas. Para eso, dijo, la oposición debe hablar con una sola voz y convertirse en interlocutora real en la búsqueda de un cambio de régimen, con legitimidad, credibilidad y apoyo del pueblo nicaragüense.

El partido también dejó clara su desconfianza hacia cualquier negociación que termine en otro engaño electoral o en un “aterrizaje suave” para los co-dictadores. Rechazó volver a esquemas en los que el Estado quede cooptado y los privilegios se repartan entre unos pocos, y defendió elecciones libres con asesoría y vigilancia internacional como condición básica para una transición verdadera.

La denuncia más dura llegó al final: para los socialcristianos, el régimen sandinista de Ortega y Rosario Murillo está agotado y ya no tiene nada más que ofrecer que más represión y un recorte total de las libertades públicas. Ese diagnóstico retrata la lógica de fondo de las dictaduras de la región, incluida la cubana: cuando el proyecto político se agota, el poder se refugia en la fuerza, el miedo y el control.

El llamado a la unidad opositoria en Nicaragua también deja una señal para Cuba. La mención a La Habana dentro del mismo bloque de gobiernos bajo presión confirma que el castrismo sigue visto en la región como parte del mismo entramado autoritario, sostenido por censura, aparato represivo y una promesa política vacía para sociedades que llevan años pagando el costo de la tiranía.

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