Donald Trump confirmó este sábado que su administración ha empezado conversaciones con Cuba, en un momento en que Washington aprieta las sanciones y el régimen de La Habana vuelve a quedar expuesto por su fragilidad. La respuesta oficial cubana, por ahora, ha sido el silencio.
Desde el Air Force One, Trump dijo que están “empezando a hablar con Cuba” y que la isla necesita “ayuda, una base humanitaria”. Sus palabras fueron difundidas en video por la cuenta Rapid Response 47. El presidente estadounidense también vinculó ese acercamiento con la situación de la comunidad cubanoamericana, a la que definió como gente que fue tratada muy mal por el régimen.
Trump insistió en que quiere resolver la situación de quienes viven en Estados Unidos y llevan décadas sin ver a sus familias ni a su país. En paralelo, la periodista Nora Gámez Torres, del Miami Herald, confirmó que la Casa Blanca no ha desmentido la existencia de contactos exploratorios con La Habana.
Del otro lado, Miguel Díaz-Canel trató de acomodar el discurso oficial con una frase gastada sobre el diálogo, aunque dejó claro que su régimen pretende negociar sin ceder en nada. Horas antes, durante un pleno del Partido Comunista en La Habana, declaró que Cuba tiene disposición para dialogar con Estados Unidos, pero bajo presión no.
Ese cambio de tono llega después de semanas de respuestas agresivas desde la propaganda oficial. Ahora, el aparato político cubano parece tantear una salida verbal mientras la isla sufre una crisis energética brutal, con apagones masivos, escasez de combustible y un colapso de los servicios públicos que castiga a las familias de adentro.
Trump también dejó claro que su estrategia combina presión y apertura calculada. Fuentes en Washington interpretan sus palabras como un doble movimiento: mantener la presión máxima sobre el régimen y abrir una puerta para una transición controlada hacia un cambio de sistema.
La declaración sobre los contactos coincidió además con su revelación de que pidió a la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum suspender los envíos de petróleo a la isla y que, según él, ella cumplió. Ese golpe energético ha dejado al castrismo más aislado y más dependiente de una negociación que ya no puede seguir esquivando.
Por ahora, La Habana calla. Y ese silencio dice más que cualquier consigna: el régimen enfrenta la presión externa, la asfixia interna y una crisis que lo obliga a moverse donde antes solo respondía con retórica.

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