El presidente Donald Trump afirmó que Irán quiere negociar el fin del conflicto, pero advirtió que los términos que ha recibido todavía no son aceptables y que Estados Unidos no está listo para cerrar un acuerdo. La declaración llega mientras Washington empuja un plan para mantener abierto el Estrecho de Ormuz, una vía clave para el petróleo mundial que ha quedado amenazada por la escalada militar.
En una entrevista telefónica con NBC News, Trump dijo que cualquier propuesta iraní tendría que ser “muy sólida” y evitó precisar qué condiciones consideraría válidas. Sí dejó claro el punto central para Washington: cualquier salida tendría que incluir el abandono de las ambiciones nucleares de Teherán.
La presión sobre Ormuz marca el fondo de la crisis. Por ese estrecho pasa alrededor del 20 por ciento del suministro mundial de crudo, y la navegación se ha visto alterada por la confrontación. En su cuenta de Truth Social, Trump aseguró que países afectados por el intento iraní de cerrar la ruta enviarán buques de guerra junto con Estados Unidos para mantenerla abierta y segura. Mencionó a China, Francia, Japón, Corea del Sur, el Reino Unido y otros socios golpeados por esa restricción.
El mandatario también dejó abierta la posibilidad de que la Marina estadounidense escolte buques petroleros en su tránsito por el estrecho. Reconoció además que no está claro si Irán ha colocado minas en la zona, un dato que alimenta la preocupación por la seguridad de una de las rutas marítimas más sensibles del planeta.
En medio de esa presión, el régimen iraní difundió el primer mensaje de Mojtaba Jamenei, señalado como sucesor del fallecido ayatolá Alí Jameneí. El nuevo líder supremo sigue sin aparecer en público. Su declaración, emitida por la televisión estatal, mantuvo la línea dura: defendió que el bloqueo del estrecho debe continuar, prometió venganza por “la sangre de los mártires” y anunció que persistirán los ataques contra bases militares en Medio Oriente.
Trump reaccionó con sorpresa ante esos ataques a los vecinos de Irán y dijo que aliados de Estados Unidos en la región, como Emiratos Árabes Unidos, Catar y Arabia Saudita, han sido formidables frente a la ofensiva. Al mismo tiempo, reafirmó que la operación militar estadounidense sigue enfocada en reducir la capacidad de misiles de Irán, destruir su flota naval y evitar que alcance armas nucleares.
La crisis vuelve a mostrar el costo de dejar el poder en manos de un aparato teocrático que combina propaganda, amenaza militar y opacidad sobre su propia conducción. Mientras el régimen iraní exhibe fuerza hacia afuera, la región entera queda atrapada en una tensión que golpea el comercio, el suministro energético y la estabilidad internacional.

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