Trump menciona a Cuba y el régimen responde con alarmismo

Donald Trump volvió a poner a Cuba sobre la mesa en una serie de publicaciones cargadas de símbolos, mapas y mensajes sobre seguridad hemisférica. Las imágenes no eran reales, pero el golpe político sí lo fue. La reacción del régimen no tardó: desempolvó su guion de siempre y llevó a la televisión el discurso de “Estado de Guerra”, como si el miedo siguiera siendo un recurso útil para cerrar filas y distraer responsabilidades.

En La Habana, el aparato oficial leyó ese gesto como una amenaza directa y respondió con la misma lógica de siempre: exageración, propaganda y victimismo. Cada vez que Washington mueve una ficha sobre Cuba, el castrismo intenta convertir el episodio en una campaña de movilización interna, aunque el verdadero mensaje sea otro: el régimen vive pendiente de cualquier señal externa porque su poder depende del control, no de la legitimidad.

La escena confirma una vieja constante. Trump no publicó fotos auténticas, pero sí lanzó un mensaje político que el castrismo sintió necesario amplificar. El resultado fue una nueva dosis de alarmismo en la televisión estatal, útil para reanimar la retórica de plaza sitiada y mantener a la población atrapada entre la censura y el miedo. Ese es el reflejo de una dictadura que prefiere agitar amenazas antes que reconocer su fracaso interno.

El episodio deja al descubierto una vez más la fragilidad del régimen cubano. Bastó una serie de publicaciones simbólicas para que el aparato propagandístico activara su maquinaria de siempre, incapaz de responder con seriedad y obligado a refugiarse en la narrativa de guerra. En Cuba, el poder sigue administrando el susto como instrumento político y usando la televisión oficial como correa de transmisión de esa manipulación.

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