Donald Trump volvió a colocar a Cuba en el centro de su ofensiva contra el régimen de La Habana. El presidente de Estados Unidos aseguró que las nuevas restricciones al suministro de petróleo no tienen por qué derivar en una crisis humanitaria, porque su apuesta es forzar a la dictadura a sentarse a negociar.
Durante un intercambio con periodistas a bordo del Air Force One, Trump sostuvo que la presión terminará empujando a las autoridades cubanas a buscar un acuerdo. También afirmó que la isla quedaría “libre de nuevo”, una frase que remite al endurecimiento de Washington frente a un sistema que ha hundido al país en la escasez, el control político y la dependencia exterior.
Las declaraciones llegaron después de que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, advirtiera que frenar el envío de crudo podría agravar la crisis social y humanitaria en Cuba. Trump respondió en sentido contrario y defendió que el escenario actual obliga al régimen a moverse, no a refugiarse en el discurso de siempre para eludir su responsabilidad.
El mandatario estadounidense describió la situación de la isla como “muy mala” y recordó que durante años el régimen sobrevivió gracias al petróleo y al financiamiento procedentes de Venezuela. Según dijo, ese sostén dejó de fluir y Cuba quedó sin dinero ni combustible, atrapada en una dependencia que ahora pasa factura con toda su crudeza.
Trump añadió que las conversaciones con Cuba ya comenzaron y aseguró que muchos cubanos que viven en Estados Unidos fueron maltratados por La Habana, separados de sus familias y de su país durante décadas. En su relato, la discusión no gira solo alrededor del petróleo: también toca la herida del exilio, la fractura familiar y el daño acumulado por el castrismo.
El presidente estadounidense dijo además que pidió personalmente a Sheinbaum detener el envío de crudo mexicano a Cuba y celebró que, según él, la mandataria mexicana ya no está mandando petróleo a la isla. Esa presión llega después de que Washington declarara una emergencia nacional y firmara una orden ejecutiva con aranceles contra países que suministren petróleo al régimen cubano.
Trump insistió en que la medida forma parte de una estrategia para estrangular una fuente clave de oxígeno económico para la dictadura. En medio de la peor crisis energética desde 1959, el mensaje de Washington apunta a golpear el soporte externo que ha sostenido al régimen durante años y a empujarlo hacia una negociación que ya no podrá evitar por mucho tiempo.
Un experto consultado por Martí Noticias sostuvo que al gobierno cubano no le queda otra salida que sentarse en una mesa con Estados Unidos. Jorge Piñón, director del programa de Energía para Latinoamérica y el Caribe de la Universidad de Texas, explicó que la orden ejecutiva incluye cláusulas de modificación si Cuba o los países afectados toman medidas significativas y se alinean suficientemente con Washington en asuntos de seguridad nacional y política exterior.

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