Donald Trump anunció que no asistirá al próximo Super Bowl en California, una ausencia marcada por la distancia del estadio y por su rechazo abierto a los artistas seleccionados para el espectáculo de medio tiempo.
El presidente estadounidense confirmó al New York Post que no viajará al Levi’s Stadium, en Santa Clara, donde se jugará el partido. También dijo que iría si el evento fuera “un poco más corto”, una explicación que mezcla comodidad personal con desdén político hacia una cita que suele convertirse en vitrina nacional.
Trump ya había estado en el Super Bowl del año pasado en Nueva Orleans. Esta vez descargó su inconformidad contra Bad Bunny y Green Day, a quienes acusó de representar una oferta cultural que, en su criterio, “siembra odio”. La frase resume el choque entre el liderazgo republicano y artistas que han mostrado rechazo a su figura y a su agenda.
El cantante puertorriqueño Bad Bunny ha criticado el ambiente de persecución contra los inmigrantes en Estados Unidos y llegó a decir que evitó fechas en territorio estadounidense por temor a la presencia de ICE alrededor de sus conciertos. Green Day, por su parte, ha sostenido una línea abiertamente contraria a Trump en sus presentaciones públicas.
La decisión de Trump de apartarse del evento vuelve a poner en primer plano el uso político del entretenimiento en Estados Unidos. En vez de asumir el Super Bowl como una cita deportiva de alcance masivo, el presidente lo convirtió en otro frente de batalla cultural, con ataques directos a los artistas y con una lectura ideológica de un espectáculo que mueve al país entero.
El partido se disputará el 8 de febrero en Santa Clara, California.

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