Donald Trump volvió a señalar a Vladímir Zelenski como el principal obstáculo para un acuerdo de paz con Rusia, en una entrevista con Politico que dejó a Kiev bajo presión pública y a Moscú mejor parado en el relato de la negociación. El presidente de Estados Unidos insistió en que las conversaciones siguen abiertas, pero responsabilizó al líder ucraniano de la falta de avances.
Trump fue directo al pedirle a Zelenski que “se ponga las pilas y cierre un trato”. Al mismo tiempo, aseguró que Vladímir Putin sí está listo para llegar a un acuerdo y remató con una frase que resume su postura: “No tienes las cartas. Ahora tiene incluso menos cartas”.
El mensaje tiene peso porque no se limita a una opinión sobre la guerra; marca un reparto de culpas que favorece a Moscú y debilita la posición de Kiev frente a la opinión pública. En vez de situar la responsabilidad en el Kremlin por la invasión y el desgaste del conflicto, Trump trasladó el centro de la presión hacia Ucrania y presentó a Zelenski como la figura que frena la salida negociada.
Ese giro también revela el método con que Trump mira las guerras largas: fuerza, presión y trato rápido, aunque el costo político caiga sobre el aliado más débil. En su lenguaje, la negociación se mide por capacidad de imponer condiciones, y no por el precio que pagan los pueblos atrapados en la guerra ni por el equilibrio que intentan sostener sus gobiernos.
Para Zelenski, el golpe es claro. Cuando el presidente de Estados Unidos lo describe públicamente como un actor sin cartas suficientes, reduce su margen de maniobra y envía una señal incómoda a cualquier mesa futura. La declaración no resuelve nada; sí altera el clima político en torno a la guerra y le abre espacio a Putin para seguir explotando la división de criterios en Occidente.
La entrevista deja una conclusión nítida: en una guerra que sigue desgastando a Ucrania, el tono de Washington también cuenta. Y cuando la Casa Blanca coloca la presión sobre Kiev en lugar de sobre Moscú, el equilibrio de la negociación se inclina hacia el Kremlin.

Sé el primero en comentar