La Universidad de La Habana intenta contener la protesta estudiantil

La Universidad de La Habana respondió después de la sentada pacífica de estudiantes en la escalinata, una protesta marcada por los apagones y por las trabas que ya golpean la continuidad del curso académico. La escena dejó al descubierto el malestar que crece dentro de las aulas mientras el régimen trata de administrarlo con comunicados y reuniones.

La propia institución informó que este lunes hubo un “intercambio” entre autoridades universitarias y un grupo de alumnos que acudió a expresar sus inquietudes. En la mesa estuvieron el ministro de Educación Superior, Walter Baluja; la rectora Miriam Nicado, y otros directivos, en un encuentro presentado como diálogo y usado, en la práctica, para bajar la presión estudiantil.

Los jóvenes plantearon preocupaciones sobre la marcha del curso en medio de las dificultades que enfrenta el país, sobre todo por el desabastecimiento de combustible. Ese reclamo resume una realidad que ya no se queda en los barrios ni en los apagones: entra en la universidad y convierte la formación académica en otra víctima del derrumbe cotidiano.

La respuesta oficial repitió la misma coartada de siempre. La universidad atribuyó los problemas a las “férreas medidas impuestas por el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba” y, después, el viceministro primero de Educación Superior, Modesto Ricardo Gómez, cargó también contra el “bloqueo petrolero de Estados Unidos”. El régimen insiste en culpar a Washington mientras las aulas pagan la factura de una crisis energética que no logra resolver.

Como salida inmediata, las autoridades acordaron crear espacios semanales de “intercambio” entre estudiantes y directivos para dar seguimiento al proceso docente-educativo. También aseguraron que las facultades seguirán abiertas para recibir a los alumnos y atender sus necesidades académicas, con ajustes según las particularidades de cada carrera.

La reunión buscó contener el descontento, pero dejó otra señal incómoda para el poder: incluso en una universidad vigilada y sometida al control político, los estudiantes ya están diciendo en voz alta lo que la propaganda intenta tapar. La protesta de la escalinata expuso que el deterioro eléctrico y la escasez de combustible ya no solo rompen la rutina del país; también están desmontando la normalidad universitaria.

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