Viena convierte en museo la memoria migrante latinoamericana

Viena abrió este jueves una exposición que pone en el centro a los unos 20.000 latinoamericanos y caribeños que viven en la ciudad, con una muestra construida a partir de testimonios, fotos, textiles y recuerdos personales. El proyecto, titulado Viena Latina: Viviendo entre Mundos, busca sacar del margen una comunidad que ha participado en la vida urbana austríaca sin el reconocimiento que merece.

La iniciativa llega con una carga política clara: reivindica la migración como parte de la identidad y como memoria colectiva, no como cifra fría ni como problema administrativo. Desde el Museo de Viena, la exposición reúne 71 entrevistas, un archivo online abierto a nuevas aportaciones y un mapa emocional hecho con 48 piezas textiles elaboradas por 88 personas.

Marcela Torres, pedagoga e investigadora colombiana y una de las directoras del proyecto, explicó que la presencia latinoamericana y caribeña en Viena ha sido “muy poco visibilizada” pese a que se trata de una comunidad activa. Ese vacío de reconocimiento explica la fuerza de una muestra que no se limita a exhibir objetos: ordena relatos de vida, trayectorias partidas y pertenencias reconstruidas lejos del país de origen.

El recorrido también deja ver cómo la memoria del exilio y la migración se guarda en soportes distintos. Hay historias orales, archivos digitales, fotos y tejidos inspirados en tradiciones latinoamericanas. La pieza principal, el llamado “Mapa de migración emocional”, convierte esas vivencias en un mural que permanecerá en la colección permanente del museo vienés después de la exposición.

En esa lectura, los textiles cargan una dimensión que supera lo artístico. Torres recordó que han servido en otros momentos como herramienta de denuncia y vínculo en dictaduras y contextos duros, una referencia que conecta la muestra con la historia latinoamericana de persecución, destierro y resistencia. El dato no es menor en una región marcada por regímenes que obligaron a miles a salir de casa por razones políticas o económicas.

La exposición mira desde 1945 hasta el presente, pero ubica una primera gran ola de migración y exilio latinoamericano y caribeño en Austria tras el golpe de Augusto Pinochet en 1973. Después llegaron otras corrientes en los años ochenta, asociadas a los movimientos contra dictaduras en Centroamérica y a la solidaridad con Nicaragua, Guatemala y Cuba.

El proyecto también recoge migraciones más recientes, vinculadas al trabajo, al amor o al parentesco europeo. En uno de los testimonios, Ana, de Nicaragua, resume esa realidad con una frase directa: fue en Austria donde encontró la oportunidad de mejorar su calidad de vida. Esa idea atraviesa toda la muestra: salir, rehacerse y sostener la memoria lejos del país de origen.

Más allá de la sala de exposición, Viena Latina trabaja con comunidades latinoamericanas y caribeñas en la ciudad. Personas de más de 20 países, de distintas generaciones y contextos sociales, aportaron sus recuerdos para convertirlos en parte del paisaje intangible de Viena. La muestra deja una advertencia útil para cualquier lector cubano: la emigración no borra la identidad; la obliga a reinventarse y a conservarse como puede.

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