Protesta en Cojímar fuerza al régimen a devolver la luz

La paciencia en Cojímar se rompió este miércoles en la noche. Tras más de 20 horas de apagón, vecinos de varios repartos de Habana del Este salieron a la calle con cazuelas, gritos y una consigna tan simple como demoledora: “¡Queremos luz!”.

El estallido ocurrió después de una jornada marcada por apenas cuatro horas de servicio eléctrico en zonas como el Reparto Bahía y el casco histórico de Cojímar. La oscuridad prolongada empujó a los residentes a una protesta nocturna que reflejó el cansancio de un pueblo obligado a vivir entre cortes, promesas vacías y la improvisación permanente del régimen.

Los testimonios compartidos en redes sociales describieron un barrio al límite. Una vecina denunció que el abuso con los cubanos ya era demasiado y señaló que en 24 horas solo habían tenido cuatro horas de electricidad. Otra persona advirtió que la situación se estaba “calentando” y que la noche prometía, en referencia al clima de tensión que crecía a medida que avanzaban las horas.

La presión callejera surtió efecto. Cerca de una hora después de iniciada la manifestación, el servicio comenzó a restablecerse parcialmente en algunas áreas. Para los vecinos, la respuesta llegó por la protesta y no por una solución previa del aparato estatal, que volvió a moverse solo cuando la indignación se expresó en público.

Hasta ahora no se reportaron arrestos ni presencia represiva durante la protesta, que se mantuvo en tono pacífico. Ese dato, sin embargo, no borra el fondo del problema: un sistema eléctrico colapsado y una ciudadanía cada vez menos dispuesta a aceptar el castigo cotidiano de los apagones como si fuera normalidad.

Lo ocurrido en Cojímar se inscribe en una secuencia más amplia de reclamos. En El Cerro, vecinos también salieron a golpear cazuelas en medio de un apagón prolongado. En Gibara, Holguín, se registró una manifestación similar con linternas, cacerolas y consignas por la corriente. La respuesta social está cambiando de tono: ya no se limita al malestar doméstico, sino que empieza a tomar la calle como espacio de denuncia.

El colapso del Sistema Eléctrico Nacional mantiene al país en una crisis abierta. La UNE atribuye el desastre a fallos técnicos, unidades en mantenimiento y escasez de combustible, pero en la práctica el resultado es el mismo para la población: apagones largos, servicios inestables y una vida diaria cada vez más asfixiada por la incapacidad del régimen para sostener ni siquiera lo esencial.

Mientras la cúpula insiste en explicaciones repetidas, los cubanos responden con cazuelas, protestas espontáneas y presión directa. Cojímar dejó claro que, cuando la luz desaparece durante horas, también se enciende el rechazo acumulado contra un modelo que convirtió la carencia en política de Estado.

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