Cuba convierte en acto político la llegada de 32 militares muertos en Venezuela

La Habana volvió a usar el duelo como plataforma política. Los 32 militares cubanos muertos en Venezuela llegaron este jueves al aeropuerto internacional José Martí, envueltos en banderas y escoltados por fotos de los fallecidos, antes de ser trasladados en vehículos militares hasta la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La ceremonia fue presentada como homenaje, pero en la calle funcionó como una exhibición de poder del régimen.

Frente a los pequeños féretros, algunos cubanos lloraron y se abrazaron. En paralelo, miles siguieron el recorrido bajo una lluvia fuerte, entre aplausos y banderitas. La escena tuvo más de movilización oficialista que de despedida íntima. La mayoría de los presentes vestía uniforme verde olivo, sobre todo en las cercanías del Minfar, donde el ambiente terminó pareciéndose a una reafirmación política cuidadosamente montada.

Entre los civiles que se acercaron, Juan Alexis Valdés cargó contra el ataque de Estados Unidos en Venezuela y aseguró que el golpe “ha tirado todo por el piso” y ha encendido una mayor efervescencia. Rafael Gómez, por su parte, resumió la conmoción con una frase seca: nadie está preparado para escuchar una noticia de ese tipo. El régimen tomó esa mezcla de incredulidad y rabia y la incorporó de inmediato a su discurso de confrontación contra Washington.

El ministro del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas, reforzó esa línea al afirmar que Cuba no claudica aunque tenga que pagar un precio alto por defender la dignidad. La frase encaja con el libreto habitual de la dictadura: presentar como épica nacional lo que en la práctica es una subordinación absoluta del dolor a la propaganda. La muerte de 32 cubanos quedó absorbida por la maquinaria política desde el primer momento.

La jornada de este jueves fue apenas el arranque de dos días de movilización oficial contra la operación de Washington en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, a la que La Habana insiste en llamar “secuestro”. Para este viernes, el Ejecutivo prevé una manifestación en la Tribuna Antiimperialista, frente a la embajada de Estados Unidos, seguida de una “marcha del pueblo combativo”, una fórmula heredada del castrismo para cerrar filas cuando necesita exhibir control.

El régimen también ha endurecido su tono tras confirmar la muerte de los 32 “combatientes” cubanos durante el operativo. La escena vuelve a dejar al descubierto el costo de la alianza con el chavismo: cubanos caídos en una guerra ajena, mientras La Habana los convierte en combustible político y refuerza su aparato de confrontación.

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